(navigation image)
Home American Libraries | Canadian Libraries | Universal Library | Community Texts | Project Gutenberg | Children's Library | Biodiversity Heritage Library | Additional Collections
Search: Advanced Search
Anonymous User (login or join us)
Upload
See other formats

Full text of "El sí de las niñas : comedia en tres actos, en prosa"

Núm. 323. 



Pag. 1. 



EL SI DE LAS NIÑAS. 

COMEDIA EN TRES ACTOS , EN PROSA. 



SU AUTOR 
I NARCO CELEN 10 P. A. 
PERSONAS. D p 






Don Diega. 

Don Carlos. 
Doña Francisca. 
Doña Irene. 



£• ■Simen. 

■J? Calamocha. 

* ■ ; 



La Scena es en una posada de Alcalá de Henares. 



aprésenla una sala de paso con quatro puertas de habitaciones 
¿ara' hufspcctes , numeradas todas. Una mas grande en el furo , con escalera 
que conduce al piso baxo de la casa. "Ventana de antepecho d un lar- 
do. Una mesa enmedio , un banco , sillas , (s-c. 



ACTO PRIMERO. 

SCENA I. 
Don Diego. Simón. 



77 Die. Wc 



~¿f7Die. J."^ o (1) han venido todavía? 
Sim, No Señor. 

D. Die. Despacio la han tomado, por 
cierto. 
. Sim. Como su tía la quiere tanto , se- 
gún parece , y no la ha visto dei- 
de que la llevaron á Goadalaxira. 
1 D. Die. Si. Yo no digo que no \¿ vie- 
se ; pero con media hora de visiia y 



qnatro lágrimas , estaba concluido. 

Sim. Ello también ha sido extraña de- 
terminación , la de estarse usted dos 
dias enteros sin salir de la posada. 
Cansa el leer , cansa el dormir , y 
sobre todo , cansa la mugre del 
quarto , las sillas desvencijadas, las 
estampas del Hijo pródigo , el rui- 
do de campanillas y escabeles , y 
la conversación ronca de carroma- 
teros y patanes , que no permiten) 
un instante de quietud. 

D. Die. Ha sido conveniente el ha- 
cerlo así. Aquí me coiocen todos... 
El Corregidor , el Señor Abad , el 
el Visitador , el Rector' de Mála- 



ga... Qué sé yo ! Todos... Y ha sido 
(1) Sale D. Diego de su quarto. Simón que esta sentado en una silla , se levanta. 



preciso estarme qnieio y no expo- 
nerme á que me hallasen por ahí. 

Sim. Yo no alcmzo la causa de tan- 
to retiro. Pues hay mas en esio , que 
haber acompañado usted á Doña 
Irene h.ista Guadalixara , para sacar 
del convento á la niña y volvernos 
con ellas á Madrid? 

D. Die. Sí , hombre , algo mas hay 
de lo que has visto. 

Sim. Adelante. 

D. Die. Algo , algo... Ello tú al ca- 
bo Ib has de saber y no puede tar- 
darse mucho... Mira , Simón , por 
Dios te encargo que no lo digas... 
Tú eres hombre de bien y me has 
servido muchos años con fidelidad... 
Ya ves que hemos sacado á esa ni- 
ña del convento y nos la llevamos 
á M.idrid. 

Sim. Si Señor. 

D. Die. Pues bien... Pero te suelvo 
á encargar que á nadie lo descubras. 

Sim. Bien está Señor. Jamas he gus- 
tado de chismes. 
<D. Die. Ya lo sé , por eso quiero fiar- 
me de tí. Yo , la verdad , turnea 
babia visto á la tal Doña Paquita; 
pero mediante la amistad con su ma- 
dre , he tenido freqüentes noticias 
de ella : he leido muchas de las car- 
tas que escribia , he visto algunas 
de su tía la Monja , con quien ha 
vivido en Guadalaxar-a ; en suma, he 
tenido quantos informes pudiera de- 
sear , acerca de sus inclinaciones y 
su conducta. Ya he logrado verla, 
he procurado observarla en estos po- 
cos dias , y á decir verdad , qnan- 
tos elogios hicieron de ella me pa- 
recen escasos. 

Sim. Si por cierto. Es muy linda y... 

Z). Die. Es muy linda , muy gracio- 
sa , muy hmnilde... Y sobre todo 
aquel candor, aquella inocencia! Va- 
mos , es de lo que no se encuen- 
tra por ahí... Y talento... Si S.'ñor, 
mucho talento... Cou que , para aca- 



bar de informarte, lo qae yo he 
pensado es... 

Sim No hay que decírmelo. 

D. Die. No ? Por qué ? 

Sim Por que ya lo adivino. Y me pa- 
rece excelente idea. 

D. Die. Qué dices ? 

Sim. Excelente. 

D. Die. Con que al instante has co 
nocido?... 

Sim. Pues no es claro?.. Vaya ! . Dí- 
gole á usted que me parece muy 
buena boda. Buena , huma. 

D. Die. Si Señor... Yo lo he mirado 
bien y lo tengo por cosa muy acertada. 

Sim. Seguro que sí. 

D. Die. Pero quiero absolutamente qno 
no se sepa , hasta que esté hecho. 

Sim. Y en eso hace usted bien. 

I). Die. Por que no todos ven las co- 
sas de una manera y no faltaría quien 
murmurase y dixese que era uní 
locura , y me... 

Sim. Locura? Buena locura!.. Coa 
chica como esa, eh? 

D. Die. Pues ya ves tú. Ella es una 
pobre... eso sí. Por que, aquí en- 
tre los dos , la buena de Doña Ire- 
ne se ha dado tal prisa á gastar 
desde que murió su marido , que si 
no fuera por estas benditas Religio- 
sas y el Canónigo de Castroxeriz, 
que es r.mbien su cuñado, no ten- 
dría para poner un puchero á la 
lumbre... Y muy vanidosa y muy 
remilgada y hablando siempre de su 
parentela y de sus difuntos, y sa- 
cando unos cuentos, allá, que...~¥í^ 
ro esto no es del caso... Yo no he 
buscado dinero , que dineros tengo; 
he buscado modestia , recogimiento, 
virtud. 

Sim. Eso es lo principal... Y , sobre 
todo , lo que usted tiene para quien 
ha de ser ? 

D. Die. Dices bien... Y sabes tú lo 
que es una muger aprovechada, ha- 
cendóse . que sepa cuidar de la cj- 



KBCUteU 



u i economizar, estar en todo?.. 
Siempre lidiando con amas, que si 
una es mala , otra es peor : rega- 
lonas, entremetidas, habladoras, lle- 
nas de histérico , viejas , feas como 
demonios... No Señor , vida nueva. 
Tendré quien me asista con amor y 
fidelidad , y viviremos como unos 
Santos... Y dexa que hablen y mur- 
muren , y... 

Sil». Pero siendo á gusto de entram- 
bos que pueden decir? 

D. Die. No? yo ya té lo que dirán, 
pero... Dirán que la boda es desi- 
gual , que no hay proporción en la 
edad , que... 

Sim. Vamos qoe no me parece tan 
notable la diferencia. Siete ú ocho 
años , á lo mas... 

D. Die. Qué , hombre ? Qué hablas 
de siete ú ocho años ? Si ella ha cum- 
plido diez y seis pocos meses ha. 

Sim. Y bien , qué ? 

D. Die. Y yo , aunque gracias á Dios 

v _e*'oy robusto y... Con todo eso, 
rtteSS^TTüv.'scnta y nueve años no h.13' 
quien me los quite. 

Sim. Pero si yo no hablo de eso. 

D Die. Pues de qué hablas? 

Sim. Decia que... Vamos, ó usted no 
acaba de explicarse, ó yo lo entien- 
do al revés .. En suma , esta Doña 
Paquita con quien se casa ? 

D. Die. Ahira estamos ahi? Conmigo. 

Sim. Con usted? 

D- Die. Conmigo. 

Sim. Medrados quedamos! 

D. Die. Qué dices?.. Vamos, qué?.. 

~3tm. Y pensaba yo haber adivinado! 

D. Die. Pues quéc^eias? Para quien 
juzgaste que la destinaba yo? 

Sim. Para D. Carlos , su sobrino de 
usted: mozo de talento, instruido, 
excelente soldado , amabilísimo por 
todas sns circunstancias... Para ese 
juzgué que se guardaba la tal niña. 

D Die. Pues no Señor. 

Sim. Pues bien está. 



D Die. Mire usted que ¡dea? Con el 
otro la habia de ir á casar!... No 
Señor , que estudie sus matemáticas. 
Sim. Ya las estudia , ó por mejor de- 
cir ya las enseña. 

D Die Quesehagahombrcde valor, y.. 
Sim. Valor! Todavía pide usted mas 
valor á un Oficial que en la últi- 
ma guerra , con muy pocos que se 
atrevieron á seguirle , tonió dos ba- 
terías , clavó los cañones, hizo al- 
gunos prisionero? , y volvió al cam- 
po lleno de heridas y cubierto de 
sangre?.. Pues bien satisfecho quedó 
usted entonces del valor de su so- 
brino : y yo le vi á usted mas de 
quatro veces llorar de aligría , quan- 
do el Rey le premió con el grado 
de Teniente Coronel y una cruz de 
Alcántara. 

D. Die. Si Señor : todo eso es verdad, 
pero no viene á cuento. Yo soy el 
que me caso. 

Sim. Si e tá usted bien seguro de que 
ella le quiere , si no la asusta la di- 
. ferencia de la edad , si su elección 
es libre... 

D. Die. Pues no ha de serlo ?.. Doña 
Irene la escribió con anticipación so- 
bre el particular. Hemos ido allá, 
me ha visto, lá han informado de 
quanto ha querido saber : y ha res- 
pondido que está bien , que admi- 
te gustosa el partido que se la pro- 
pone . Y ya ves tú con que agra- 
do me trata , y qué expresiones me 
hace tan cariñosas y tan sencillas... 
Mira , Simón , si los matrimonios 
muy desiguales tienen por lo común 
desgraciada resulta , consiste en que 
alguna de las partes precede sin li- 
bertad ; en que hay violencia , se- 
ducción , engaño , amenazas , tira- 
nía domestica... Pero aquí no h¿y 
nada de eso. Y qué sacarían con en- 
g^ñirme?,. Ya ves tú la Religiosa 
de Guad-daxara si es muger de jui- 
cio : esta de Alcalá , aunque no la 
A2 



769982 



conozco, sé que es nna Señora de 
excelentes prendas : mira fá si Do- 
ña Irene querrá el bien de su hija; 
pues tojas ellas me han dado quan- 
tas seguridades pui:do apetecer... La 
criada , que la ha servido en Ma- 
drid y m.iS de quatro años en el 
convento , se hace lenguas de ella, 
y sobre todo , me ha informado de 
que j^más observó en esta criatura 
la mas remota inclinación á ningu- 
no de los pocos hombres qne ha 
podido ver en aquel encierro. Bor- 
dar , ccer , leer libros devoios , oir 
misa y correr por la huerta detrás 
de las mariposas , y echar agua en 
los aguaeros de las homigas , estas 
han sido su ocupación y sus diver- 
siones... Q é dices? 
Sim. Yo nada Señor. 
D. Die Y no pienses tú que á pe- 
sar de tantas seguridades , no apro- 
vecho las ocasiones que se presen- 
tan , para ir ganando su amistad y 
su confianza , y lograr que se ex- 
plique conmigo en absoluta libertad .. 
Bien que aun hay tiempo... Solo que 
aquella Doña Irene siempre la in- 
terrumpe; todo se lo habla... Y es 
muy buena muger , buena .. 
Sim. En fin , Señor , yo desearé que 

salga como usted apetece. 
D. Die. Sí , yo espero en Dios que 
no ha de salir mil. Ann.jue el no- 
vio no es muy de tu gusto... Y qne 
fuera de tiempo me recomendabas 
al tal sobrinito ! Sabes tú lo enfa- 
dado que estoy con él ? 
Sim. Pues qué ha hecho ? 
D. Die. Una de las suyas... Y hasta 
pocos dias ha no' lo he sabido. El 
año pasado , ya lo viste , estuvo dos 
meses en Madrid... Y me costó buen 
dinero la tal visita... En fin, es mi 
Sobrino , bien dado está ; pero voy 

(i) Simón se va por la puerta del 
¿eres con mantillas v basquinas. Rita 
y recoge las mantillas y las dobla. 



si asunto. Lltgó el C3SO de irse á 
Zaragoza , á su regimiento... Ya te 
acuerdas de que á muy pocos dias 
de haber salido de Madrid , recibí 
la noticia de su llegada. 

Sim. Si señor. 

D. Die. Y que siguió escribiéndome, 
aunque algo perezoso, siempre con 
la data de Zaragoza. 

Sim, Así es la verdad. 

D. Die. Pues el picaron no estaba allí| 
quando me escribía las tales cartas. 

Sim. Qué dice usted? 

D. Die. Si Señor. El dia tres de Ja- 
lio salió de mí casa , y á fines de 
Setiembre aun no había llegado á 
sus pabellones.. No te parece qne 
para ir por la posta , hizo muy buena 
diligencia ? 

Sim. Tal vez se pondría malo en el 
camino , y por no darle á osterj 
pesadumbre... 

D Die. Nada de eso. Amores del Se- 
ñor Oficial y devaneos que le traen 
loco... Por ahí en esas Ciodadespui^i 
de que... Quien sabe ?.< v 5Perf!ffi^^B 
tra un par de ojos negros , ya es 
hombre perdido... No permita Dios 
qne me le engañe alguna bribona, 
de estas que truecan el honor por 
el matrimonio. 

Sim Oh ! No hay que temer... Y sí 
tropieza con alguna fullera de amor, 
buenas cutas ha de tener, para que 
le engañe. 

D. Die. Me parece qne están ahí... Si. 
Gracias á Dios. Busca al Mayoral y 
dile que venga , para quedar de 
acue r do en la hora á que debere- 
mos salir mañana, i 

Sim. Bien está. 

D. Die. Ya te he dicho que no quie- 
ro qne esto se trasluzca, ni... Estamos? 
Sim. No haya miedo que á nadie lo 
cuente (i). 

foro. Salen por la misma las tres mu- 
dtxa un pañuelo atado sol/re la mesa 



SCENA II. 

Doña Irene. Doña Francisca. Rita. 
Don Diego. 

s 

Doña Fr Ya estamos acá. 

Doña Ir. A y ! qué escalera ? 

D. Die. Mt:y bien venidas , Señoras. 

Doña Ir. Con que usted , á lo que 
parece , no ha salido (i). 

D. Die. No Señora. Luego , mas tar- 
de , daré una vueltecilla por ahí... 
He leido un rato : traté de dormir; 
pero en esta posada no se duerme. 

Doña Fr. Es verdad que no... Y qué 
mosquitos ! mala peste en ellos. Ano- 
che no me dexaron parar... Pero, 
mire usted. Mire usted (2) quantas 
cosillas traigo. Rosarios de nácar, 
cruces de ciprés , la regla de Saa 
B¡.nio., una pilüla de cristal... Mi- 
re usted que brnita. Y dos corjzo- 
nes de taUo .. Qiié sé yo quanto vie- 
^«e a>.]uí ! .. Ay ! y una campanilla de 
^^R.i'rro bencjYco para los truenos... Tan- 
tas cosa 1 . ! 

Doña Ir. Chucherías qae la han dado 
las Madres. Locas estaban con ella. 

Doña Fr. Cómo me quieren todas ! 
Y mi tia,. mi pobre tia, floraba tan- 
to!.. Es ya muy viegecita. 

Doña Ir. Ha sentido mucho no cono- 
cer á usted. 

Doña Fr. Si-, es verdad Decía : por 
que no ha venido aquel Stñor? 

Doña Ir. El Padre Capellán y el Rec- 
tor de los Verdes , nos han venido 
acompañando hssta la puerta. 

Doña Fr. Toma , (3) guárdamelo todo 
allí , en la excusabaraja. Mira, lléva- 
lo así de las puntas... Válgate Dios, 



5 

eh ! ya se ha roto la Santa Gertru- 
dis de alcorza. 
Rit. No importa , yo me la comeré. 

SCENA III. 

Doña Irene. Doña Francisca. Don 

Diego. 

Doña Fr. Nos vamos adentro , mamá, 
ó nos quedamos aquí ? 

Doña Ir. Ahora , niña , qae quiero des- 
cansar un rato. 

D. Die. Hoy se ha dexado sentir el 
calor en forma. 

Doña Ir. Y qué fresco tienen aquel lo- 
cutoio ! Vaya r está hecho un cielo. 

Doña Fr. Pues con todo (4.) , aquella 
Monja tan gorda , que se llama la Ma- 
dre Angusiias , bien sudaba... Ayl 
cómo sudaba la pobre muger ! 

Doña Ir. Mi hermana es la qae está 
bastante delicadita. Ha padecido mu- 
cho este invierno... Pero, vaya, no 
sabia que hacerse con su sobrina la 
buena Señora... Está muy contenta 
de nuestra elección. 

D. Die. Yo celebro que sea tan á gus- 
to de aquellas personas , á quienes 
debe usted particulares obligaciones. 

Doñi Ir. Sí., Trinidad está muy con- 
tenta , y en quanto á Circoncision, 
ya lo ha visto usted. La ha costado 
mucho despegarse de eila ; pero ha 
conocido que siendo para so bien es- 
trfr, es ncesario pasar por ello... Ya 
se acuerda usted de lo expresiva que 
estuvo y... 

D Die. Es verdad. Solo falta que la 
parte interesada tenga la misma sa- 
tisfacción que manifiestan quaatcs la 
quieren bien. 



(1) Se sientan Doña Irene y Don Diego. 

(2) Desata el pañuelo y manifiesta algunas cosas de las que indica el dialoga. 

(3) Vuelve ó. atar el pañuelo y se le da Á Rita , la anal ss va con él y con 
fas mantillas al quarto de Doña Irene. 

Í4J Sentándose junto á Doña Irenes 



6 

Doña Ir. Es h'ja obediente, y no se 
apartará jamas de lo que determine 
su madre. 

D. Die. Todo eso es cierto , pero .. 

Doña Ir. Es de buena sangre , y ha de 
pensar b¡en , y hj de proceder con 
el honor que la corresponde. 

D Die. Sí, ya enoy; pero no pudiera 
sin Litar á su honor ni á su sangre?.. 

Doña Fr. Me voy mamá? (i) 

Düií.i Ir. No pudiera , no Señor. Una 
niña bien educada , hija de buenos 
padres, no puede menos de condu- 
cirse en todas oosiones como es con- 
veniente y debido Un vivo retrato 
es la chica , ahí donde usted la ve, 
de su abuela , que Dios perdone, 
Doña Gerónima de Peralta... En casa 
tengo el quadro , ya le habrá usted 

. visto. Y le hicieron , según me con- 
taba su merced , para enviársele á su 
tío carnal el Padre Fray Serapion de 
S. Juan Crisóstomo , electo Obispo 
de Mechonean. 

D Die. Ya. 

j}oña Ir. Y murió en el mar el boen 
Religioso : que fié un quebranto pa- 
ra toda su familia... Hoyes, y to- 
davía estamos sintiendo su muerte: 
particularmente mi primo D. Cucu- 
fate , Regidor perpetuo de Zamora, 
no puede oir hablar de su Ilustrísi- 
ma sin deshacerse en lágrimas. 

Doña Fr. Válgate Dios que moscas tan... 

Doña Ir. Pues murió en olor de san- 
tidad. 

D. Die, Eso bueno es. 

Doña Ir. Señor ; pero como la familia 
ha venido tan á menos... Qué quie- 
re usted ? Donde no hay facultades. . 
Bien que por lo que puede tronar, 
ya se le está escribiendo la vida; y 
quien sabe que el di j de mañana no 
te imprima, con el favor de Dios. 



D. Die. Sí , pues ya se ve. Todo se 

imprime. 

Doña Ir. Lo cierto es que el autor, 
que es sobrino de mi hermano político, 
el Canónigo de Castroxeriz , no la 
dexa de la mano ; y á la hora de 
esta , lleva ya escritos nueve tomos 
en folio, que comprehenden los nue- 
ve años primeros de la vida del Santo 
Obispo. 

D. Die Con que para cada año un tomo? 

Doña Ir. Si Señor , ese plan se ha pro- 
puesto. 

D. Die. Y de qué edad murió el Ve- 
nerable ? 

Doña Ir. De ochenta y dos años , tres 
meses y catorce días. 

Doña Fr. Me voy mamá? 

Doña Ir. Anda vete. Válgate Dioí, 
qné prisa tienes ? 

Doña Fr. Quiere usted (2) que le ha- 
ga una cortesía á la francesa , Seño; 
Don Diego? 

D Die. Si hija mia. A ver. 

Doña Fr. Mire usted , así. 

D. Dü. Graciosa niña ! "Viva" 
quita , viva. 

Doña Fr. Para usted una cortesía , y 
para mi mamá , un beso. 

SC EN A IV. 

Doña Irene. Don Diego. 

Doña Ir. Es muy gitana y muy mona, 
mucho. 

D. Die. Tiene un donayre natural que 
arrebata. 

Doña Fr. Qué quiere osted ? Criada * 
sin artificio ni embeleco 1 ; de mundo, 
contenta de verse era vez al lado 
de su madre , y muclv> ma< de con- 
siderar tan inmediata su colocación; 
no es maravilla que quanto hace y 



(1) Se levanta y vuelve á sentarse. 

(1) Se ¡.varita, y después de hacer una graciosa cortesía á Don Diego, 
«W un beso d Doña Irene y se va al quarto de esta. 



dice sea nna gracia , y máxime á los 
ojos de usted , que tanto se ha em- 
peñado en favorecerla. 

D. Die. Quisiera solo que se explicase 
libremente, acerca de nuestra pro- 
yectada unión y... 

Doña Ir. Oiría usted lo mismo que le 
he dicho ya. 

D- Die. Sí , no lo dudo ; pero el sa- 
ber que la merezco alguna inclina- 
ción , oyéndoselo decir con aquella 
boquilla tan graciosa que tiene , se- 
ria para mí una satisfacción impon- 
derable. 

Doña Ir. No tenga usted sobre ese par- 
ticular lamas leve desconfianza ; pe- 
ro hágase usied cirgo de que á una 
niña no la es lícito decir con inge- 
nuidad lo que siente Mal parecería, 
S<.ñor Don Diego , que una donce- 
lla de vergüenza y criada corno Dios 
manda , se atreviese á decirle á un 
hombre : yo le quiero á usted. 

D. Die Bien : si fuese un hombre, í 
.«•""¡JuVCu iTaii.í.-.- por casualidad en la ca- 
lle, y de baenas á primeras le es- 
petara ese favor , cierto que la don- 
cella h.uia muy mal ; pero á un 
hombre con quien ha de casarse den- 
tro de pocos dias , ya pudiera de- 

' cirle alguna cosa que... Ademas, que 
h iy cienos modos de explicarse... 

Doña Ir. Conmigo usa de mas fran- 
queza. A cada instante hablamos de 

. usted , y en todo manifiesta el par- 
ticular cariño que á usted le tiene... 

' Con qué juicio h, biaba ayer noche, 

~~ífespues que usted se fué á recoger! 
No <é lo que hubiera dado por que 
hubiese podido oiría. 

D. Die. Y qué ? hablaba de mí ? 

Doña Ir. Y que bien piensa , acerca 
de lo preferible que es para una cria- 
tura de sus años , un marido de cier- 
i ta edad, experimentado, maduro y 
de conducta... 

D. Die. Calle! eso decía? 

Doña Ir. No , esto se lo decía yo , y 



me eserjehaba con una atención , co- 
mo sí fuera una muger de quarenta 
años , lo mimo,.. Buenas cosas la 
díxe ! Y ella que tiene mucha pe- 
netración , aunque me esté mal el 
decirlo... Pues no da lástima , Señor, 
el ver como se hacen los matrimo- 
nios hoy en el día ? Casan á una mu- 
chacha de quince años con un arra- 
piezo de diez y ocho , á una de diez 
y siete con otro de veinte y dos: 
ella niña, sin juicio ni experiencia, 
y él niño también , sin asomo de 
cordura , ni conocimiento de lo que 
es inundo. Pues Señor (que es lo 
que yo digo ) quién ha de gobernar 
la casa ? quien ha de mandar á los 
criados ? quién ha de enseñar y cor- 
regir á los hijos ? Porque sucede tam- 
bién , que estos atolondrados de chi- 
cos , suelen plagarse de criaturas en 
un instante , que da compasión. 

D- Die. Cierto que es un dolor , el 
ver rodeados de hijos á muchos que 
carecen del talento , de la experien- 
cia y de la virtud , que son nece- 
sarias para dirigir su educación. 

Doña Ir. Lo que sé decirle á usted es, 
que aun no había cumplido los diez 
y nueve quando me ca;é de prime- 
ras nupcias con mi difunto Don Epi- 
fanio , que esté en el cielo. Y era un 
hombre que , mejorando lo presen- 
te , no es posible hallarle de mas 
respeto , mas caballeroso... Y al mis- 
mo tiempo , mas divertido y deci- 
dor. Pues , para servir á usted , ya 
tenia los cincuenta y seis, muy lar- 
gos de talle , quando se ca;ó conmigo. 

D. Die. Buena edad... No eta un ni». 
ñ"> , pero... 

Doña Ir. Pues á eso voy-. Ni á mí po- 
día convenirme en aquel entonces 
un boquirrubio , con los ca<Gos á la 
gincta... No Señor... Y no es decir 
tampoco que estuviese achacoso ni 
quebrantado de salud ; nada de eso. 
Saraito estaba , gracias, á Dios , come 



8 

üna manzana , ti! en sti vida cono- 
ció otro mal , si no una especie de 
alferecía que le amagaba de quatido 
en quando. Pero luego que nos ca- 
samos dio en darle tan á menido y 
tan de recio , que á los siete meses 
me hallé viuda , y en cinta de una 
criatura , que nació después , y al 
eabo y al fin se me murió de al- 
fombrilla. 

D.. Di¿g. Oiga !.. Mire usted si dexó 
sucesión el bueno de Don Epifanio. 

Doña Ir. Si señor , pues por qué no? 

D. Die. Lo digo porque luego saltan 
con... Bien que si uno hubiera -de 
hacer caso... Y fué niño ó niña ? 

"Doña Ir. Un niño muy hermoso. Co- 
mo una plata era el angelito. 

D. Die. Cierto que es consuelo tener 
así, una criatura y... 

Doña Ir. Ay ! Señor! Dan malos ra- 
ros ; pero qué importa ? Es mucho 
gusto , mucho. 

D Die. Yo lo creo. 

Doña Ir. Si S'.'ñor. 

D. Die. Ya se ve que será nna de- 
licia y... 

Doña Ir. Pues no ha de ser ? 

D. Die. Un embeleso , el verlos ju- 
guetear y reir y acariciarlos , y me- 
recer sus fiestecillas inocentes. 

Doña Ir. Hijos de mi vida ! Veinte y 
dos he tenido en los tr^s matrimo- 
nios qoe llevo hasta ahora , de los 
quales solo esta niña me ha venido 
á quedar ; pero le aseguro á usted 
que... 

x S CE NA V. 

Simón, (i) Doña Irene. Don Diegv. 

Sim. Señor, el Mayoral está esperando. 



D. Die. D'le que vty allá... Ah ! trae- 
me primero el sombrero y el babton, 
que quisiera dar una vuelta por el 
campo (2). Con que , supongo que 
aiañana tempranito saldremos ? 

Doña Ir. No hay dificultad. A la hort 
que á usted le parezca. 

D. Die. A eso de las seis. Eh? 

Doña Ir. Mry bien. 

D. Die. El sol nos da de espaldas... Le 
diré que venga una media hora antes. 

Doña Ir. Sí , que hay mil chismes qu« 
acomodar. 

S C E N A VL 

Doña Irene. Rita. 

Doña Ir. Válgame Dios, ahora que 
me acuerdo... Rita... Me le habían 
dexado morir. Rita. 

Hit. Señora (3). 

Doña Ir. Qué has hecho del tordo? 
Le diste de comer ? 

Rit. Si Señora. Mas- -h¿-««**í«í»^^fc. 
un abestruz Ahí le puse en la ven- 
tana del pasillo. 

Doña Ir. Hiciste las camas ? 

Rit. La de usted ya está Voy á ha- 
cer esotras antes que anochezca : por 
que si no , como no hay mas alum- 
brado que el del candil y do tiene 
garavato , me veo perdida. 

Doña Ir. Y aquella chica qué hace? 

Rit. Está desmenuzando un bizcocho, 
para dar de cenar á Don Periquito. 

Doña Ir. Q é pertza tengo de escri- 
bir ! (4) pero es preciso , que u*w— 
rá con mucho cuidado la pobre Cir- 
cuncisión. 

Rit Q:ié chapucerías ! No ha dos ho- 
ras , como quien dice , que salimo5 



', 



(1) Sale por la puerta del foro. 

(2) Entra Simón al qiiárto de Don Diego, saca un sombrero y un basto», 
se los da á su amo , y al fin de la scena se va con él por la yuerta del foro. 

(3) Sacará Rita unas sabanas y almohadas debaxo ael brazo. 

(4) Se levanta y se entra en su quarto. 



efe aPá , y ya empiezan á Ir y ve- 
nir correos Qué poco me gustan á 
mí las mugeres gazmoñas y zalame- 
ras! (i) 

SC EN A VII. 

Cálamo: ha. (2) 

Cal. Con que h 1 de ser el número tres! 
Vaya en g'.icia... Ya , ya conozco 
el tal número tres. Colección de vi- 
chos roas «¡húndante , no la tiene el 
Gabinete de H toria natural... Mie- 
do me da de entrar... Ay ! ay ! y 
q' c agugetas ! Estas sí que son agu- 
gets... Paciencia, pebre Calamocha, 
pjeencia... Y gracijs á que los ca- 
ballitos dixeron : ro podemos mas, 
que si no, por esta vez no veia yo 
«1 número tres , ni las plagas de Fa- 
raón que tiene dentro... En fia, co- 
rno los animales amanezcan vivos, no 



9 

Cal. Los dos acabamos de llegar. 

Rit. De veras? 

Cal. No que es chanza. Apenas recibió la 
carta de Doña Paquita , yo no sé 
adonde fué , ni con quien habló , ni 
como lo dispuso; solo sé decirte que 
aquella tarde salimos de Zaragoza. 
Hemos venido como dos centella?, 
por ese camino. Llegamos esta ma- 
ñana á Guadalaxara , y á las prime- 
ras diligencias nos hallamos con que 
los páxaros volaron ya A caballo otra 
vez y vuelta á correr y á sudar y 
á dar chasquidos... En suma, mo- 
lidos los rocines y nosotros á me- 
dio moler, hemos parado aqoí coa 
ánimo de salir mañana... Mi Tenien- 
te se ha ido al Colegio mayor á vec 
á nn amigo , mientras se dispone al- 
go que cenar... Esta es la historia.. 

Rit. Con qué le tenemos aquí? 

Cal. Y enamorado mas que nunca , ze- 
loso , amenazando vidas... Aventu- 
rado á quitar el hipo á qnantos lo 

■ dispoten la posesión de su Curtir» 
idolatrada. 

Rit. Qué dices? 

Cal. Ni mas ni menos. 

Rit. Qué gusto me das ! . Ahora si so 
conoce que la tiene amor. 

Cal Amor?.. Friolera!. El moro Ga- 
zul fué para con él un pelele , Me- 
doro un zascandil , y Gjyferos un 
chiquito de la Doctrina. 

Rit. Ay l quando la Stñ ria lo sepa! 

Cal. Pero , acabemos Como te h.illo 
aquí? Con quién estás? Quando lle- 
gaste ? Qué... 

Rit. Yo te lo diré. La madre de D ña 
Paquita dio en escribir cart>s y mas 
cartas , diciendo que tenia co certa- 
do su casamiento en M.dtid con un 
B 

(1) Entrase en el quarto de Doña Francisca. 

(2) Sule por la puerta del foro con unas maletas, látigo y botas; lo dexa, 
todo sol re la mesa , y se sienta en el banco. 

(3) Canta Rita desde adentro. Calamocha se levanta desperezándose. 

(4) fonejí ando para echar la llave. 



(3) 
canta 

,.Ay! 



Cera poco... Rebentados están. 
aw ^V ^W-^S^nid ilutas ? .. Y no 
mal... V» r ya, aventura tenemos, 
qué desvencijado estoy. 

SCENA VIII. 

Rita. Calamocha. 



Rit. Mejor es cerrar , -no sea que nos 
alivien de ropa y... (4) Pues cierto 
que está bien acondicionada la llave. 

Cal. Gusta usted de que eche una mano, 
mi vida ? 
~~. Rit. Gracias , mi alma. 

Cal. Calle!.. Rita. 

Rit. Calimocha. 

CU. Qué h llazgo es este? 

Rit. Y tu amo ? 



lo 
caballero rico , honrado , bien quis- 
to , en suma, cabal y perfecto ; qne 
no habia mas qne apetecer. Acosa- 
da la Señorita con tales propuestas 
y angustiada incensantemente con los 
sermones de aquella bendita Monja, 
se vio en la necesidad de respon- 

, der que estaba pronta á todo lo que 
la mandasen... Pero, no te puedo 
ponderar quinto lloró la pobrecita, 
que afligida estuvo. Ni queria comer, 
ni podia dormir... Y al mismo tiem- 
po era preciso disimular , para qne 
su tu no sospechara la verdad del 
caso. Ello es , que quando pasado el 

-primer susto, hubo lugar de discur- 
rir escapatorias y arbitrios , no ha- 
llamos otro que el de avisar á tu 
amo : esperando que si era su cari- 
ño tan verdadero y de buena ley 
como nos habia ponderado , no con- 
sentiría que su pobre Paquita pasa- 
ra á manos de un desconocido y se 
perdiese» para siempre tantas cari- 
cias , tantas lágrimas y tantos suspi- 
ros , estrellados en las tapias del cor- 
ral. Apenas partió la catta á su des- 
tino , cata el coche de colleras y el 
Mayoral Gasparer , con sus media; 
azules , y la madre y el novio , que 
vienen por ella : recogimos á toda 
prisa nuestros meriñ.iques , se atan 
los cofres , nos despedimos de aque- 
llas buenas mugeres , y en dos la- 
tigazos llegamos antes de ayer á Al- 

' cala. La detención ha sido para que 
la Señorita visite á otra tia Monja 
que tiene aquí , tan arrogada y tan 
sorda como la que dexamos allá Ya 
la ha visto , ya la han besado bas- 
tante , una por una, toda» las Re - 
ligio<as, y creo que mañana tempra- 
no saldremos. Por esta casualidad nos.. 



Cal. Sí. No digas mas... Pero... Con 
que el novio está en la posada ? 

Rit. Ese es so quarto (i) , este el de 
la madre , y aquel el nuestro. 

Cal. Cómo nuestro ? Tuyo y mió? 

Rit. No por cierto. Aquí dormiremos 
esta noche la Señorita y yo : porque 
ayer, metidas las tres en ese de en- 
frente , ni cabíamos de- pie , ni pu- 
dimos dormir un instante , ni res- 
pirar siquiera. 

Cal. Bien.,. A Dios. (2) 

Rit. Y adonde? 

Cal. Yo me entiendo... Pera el novio 
trae consigo criados , amigos ó deu- 
dos que le quiten la primera zam- 
bullida que le amenaza? 

Rit. Un criado viene cen él. 

Cal. Poca cosa!., mira, dile en cari- 
dad, que se disponga, porque está 
de peligro. A Dios. 

Rit. Y volve.ás presto ? 

Cal. Se supone. Estas cosas piden di- 
ligencia, y aunque apenas pu edo mo - 
verme , es necesario q'/r~ y.ft 1 1. n ¡ „t^* 
te dexe la visita y venga á cu. dar 
de su hacienda , disponer el entierro 
de ese hombre y... Con qué ese es 
nuestro quarto ch ? . 

Rit. Si. De la Señorita y mió. 

Cal. Bribona ! 

Rit Botarate ! A Dios. 

Cal. A Dios , aborrecida. (3) 

SC EN A IX. 

Doña Francisca. Rita. 

Rit. Qué male es.. Pero.. Válgame 
Dios ! D. Félix aquí ! Sí , la quiere, 
bien se conoce... (4) Oh! por mai 
que digan, los hay muy finos, y 
entonces , qué h¿ de hacer una ?.. 



(1) Señalando el quarto de D» Diezo , el di Doña Irene y el de Doña Francisca. 

(i) Rcoqe los trastos que puso sobre la mesa , en ademan de irse. 

(3) Entrase con los trastos al quarto de Don Carlas. 

(4) Salí Calamocha dd quarto de Don Carlos , y se va por la puerta del/ort. 



— 



Qaererlos : no tiene remedio » qoe- 
rerlos... Pero , que dirá la Señorita 
quando la vea , que está ciega por 
él ? Pobrecita ! ftues no seria una 
lástima que... Ella es (i) 

Doñ.t Fr. A y Rita! 

Rit Qué es eso ? Ha llorado nsted ? 

Doña Fr. Pues no he de llorar? Si vie- 
ras mi madre... Empeñada está en 
que he de querer mucho á ese hom- 
bre... Si ella supiera lo que sabes 
tú , no me mandarla cosas imposi- 
bles... Y que es tan bueno y que 
es rico y que me irá tan bien con 
él... Se ha enfadado tanto , y me 
ha llamado picarona, inobediente... 
Pobre de mí ! Por que no miento, 
ni sé fingir , por eso me llaman pi- 
carona. 

Rit. Señorita, por Dios, no, se aflija 
usted. 

Doña Fr. Ya , como tú no lo has oído... 
Y dice, que D. Diego se queja de 
igjueyo no le digo nada... Harto fie 

* digo; "y'akii he procurado hasta aho- 
ra mqstrarme contenta delante de él, 
que no lo estoy por cierto , y reír- 
me y hablar niñerías... Y todo por 
dar gusto á mi madre , que si no... 
Pero , bien sabe la Virgen , que no 
me sale del corazón. 

Rit. Vaya , vamos, que no hay mo- 
tivos todavía para tanta angustia... 
Quién sabe!.. No se acuerda usted 
ya de aquel dia de asueto que tu- 
vimos el año pasado , en la casa de 
campo del Intendente? 

Doña Fr. Ay 1 cómo puedo olvidar- 
lo ?.. Pe;o , qué me vas á contar ? 

Rit. Quiero decir , que aquel Caballe- 
ro que vimos allí con aquella cruz 
verde , tan galán , tan fino... 

Doña Fr. Qué rodeos!.. D. Félix. Y qué? 

Rit. Que nos fue acompañando hasta la 
Ciudad... 

Doña Fr. Y bien... Y luego volvió y 

(i) Sale Doña Francisca. 



II 

le vi, por mi desgracia , muchas ve- 
ces... Mal 3conscj.ida de tí. 

Rit. Por qué Señora?.. A quién dimos 
escándalo ? Hasta ahora nadie lo ha 
sospechado en el convento. El no 
entró jamás por las puertas , 3' quan- 
do de noche hablaba con usted, me- 
diaba entre los dos una distancia tan 
grande, que usted la maldixo no 
pocas veces... Pero esto no es del 
caso. Lo que voy á decir es , que un 
amante como aquel, no es posible que 
se olvide tan presto de su querida. 
Paquita .. M : re usted qi.e todo quan- 
to hemos leído á hurtadillas en las 
novelas, no equivale á lo que he- 
mos visto en él... Se acuerda usted 
de aquellas tres palmadas que se o ; an 
entre once y doce de la noche? De 
aquella sonora , punteada con tanta 
delicadeza y expresión ? 

Doña Fr- Ay ! Rita ! Si , de todo me 
acuerdo y mientras viva conservaré la 
memoria... Pero está ausente... Y en- 
tretenido acaso con nuevoc ameres. 

Rit. Eso no lo puedo yo creer. 

Doña Fr. Es hombre al fin , y todos 
silos... 

Rit. Qué bobería ! Desengáñese nsted, 
Señorita. Con los hombres y las mu- 
geres , sucede lo mismo que con los 
melones de Añover. Hay de iodo , la 
dificultad está en saber escogerlos. 
El que se lleve chasco en la elec- 
ción, quéxese de su mala suerte; pe- 
ro no desacredite la mercancía... H >y 
hombres muy embusteros , muy pi- 
carones ; pero no es creible que lo 
sea , el que ha dado pruebas tan re- 
petidas de perseverancia y amor Tres 
meses duró el terrero y la conversa- 
ción á obscuras , y en todo aquel 
tiempo , bien sabe usted que no vi- 
mos en él una acción descompuesta, 
ni oímos de su boca pna palabra 
indecente ni atrevida. 



12 

Doña Fr. Es verdad. Por eso le qníse 
tanto: por eso le tengo tan fixo aquí... 
aquí... (i) Qué habrá dicho al ver la 
carta ?.. Oh ! Yo bien sé lo que habrá 
dicho... Válgate Dios ! es lástima! 
cierto. Pobre Paquita... Y se acabó... 
No rub-á dicho mas... Nada mas. 

Rit. No Señora , no ha dicho eso. 

Doña Fr. Qué sabes tú? 

Rit. Bien lo sé. Apenas haya leído la 
carta se rubra puesto en camino, y 
vendrá volando á consolar á su ami- 
ga... Pero .. (2) 

Doña Fr. Adonde vas ? 

.Rtf. Quero ver, si... 

Doña Fr. Está escribiendo. 

Rit. Pues ya presto habrá de desear- 
lo , que empieza á anochecer... Se- 
ñorita lo que la he dicho á usted es 
la verdad pura. Don Félix está ya 
en A'calá. 

Doña Fr. Qué dices? No me engañes. 

Rit. Aquel es su quarto... Calamocha 
acaba de h.iblar conmigo. 

Doña Fr. Do veras ? 

Rit. Si Señora... Y le ha ido á 
car, para... 

Doña Fr. Con que me quiere?.. 
Rita ! Mira tú si hicimos bien de 
avisarle... Pero, ves qué fineza?.. 
Si vendrá bueno? Correr tantas le- 
guas , solo por verme... Por que yo 
se lo mando... Qué agradecida le 
debo estar!... Olí ! yo le prometo 
que no se quexará de mí. Para siem- 
pre agradecimiento y amor. 

Rit. Voy á traer luces. Procuraré de- 
tenerme por allá baxo , hasta que 
vuelvan... Veré lo que dice , y que 
piensa hacer: porque hallándonos to- 
dos aquí , pudiera haber una de da- 



bas - 
Ay! 



tanas entre la madre , la hija , el 
novio y el amante ; y sino ensaya- 
mos bien esta contradanza , nos ha- 
mos de perder en ella. 

DoñiFr. D;ccs bien... Pero no, él 
tiene resolución y talento, y sab á 
determinar lo mas conveniente... Y 
cómo has de avisarme?.. Mira que 
así que llegue le quiero ver. 

Rit. No hty que dar cuidado. Yo le 
tneré por acá, y en dándome aque- 
lla tosecilla seca... Me entiende usté 

Doñt Fr. Sí , bien. 

Rit. Pues entonces , no hay mas qne 
salir , con qualquiera excosa. Yo me 
quedaré con la S.ñora mayor: 1« ha- 
blaré de todos sus maridos y de sus 
concuñados y del Obispo que ma- 
rió en el roar„. Ademas que si es- 
tá alH Don D^ego... 

Doña Fr- Bien , anda , y así qoe llegue... 

Rit. Al instante. 

Doña Fr. Que no te se olvide toser. 

Rit. No haya miedo. _¿ -*-^|Bi 

Doña Fr. Si vieras que consolada estoy. 

Rit S ! n que usted lo jure lo creo. 

Doña Fr. Te acuerdas , quando me 
decia que era imposible apartarme de 
su memoria , que no habría peligros 
que le detuvieran , ni dificultades que 
110 atropellara por mí ? 

Rit. Sí , bien me acuerdo. 

Doña Fr. Ah!.. Pues mira como rae 
divo la verdad. (3) 

ACTO SEGUNDO. 

SC EN A. I. (4) 

Doña Francisca. 

Doña Fr- Nadie parece aun... (5) Qué 
impaciencia tengo!.,. Y dice mi ma- 



(1) Señalando al pecho. 

(2) Acercándose á la puerta del quarto de Doña Irene. 

(3) Doña Francisca se va al quarto de Doña Irene. Rita por lapaerta delf.ro. 

(4) Se irá obscureciendo lentamente el teatro hatta que al principio de U 
tercera suena vuelve d iluminarse. 

(5) Acercándose á la puerta del foro y vnehe. 



dre que soy una simple : qne solo 
pienso an jugar y reir , y que no 
sé lo que es amor .. Si , diez y sie- 
te años , y no cumplidos ; pero ya 
íé lo que es qi.erer bien , y la in- 
quietud y l.:s lágrimas que cuesta. 

S C E N A II. 

Doña Irene. Doña Francisca. 

Doña Ir. Sola á obscuras me habéis 
de-x.ido allí. 

Doña Fr. Como estaba nsted acaban- 
do su carta , mamá , por no estor- 
varla me he venido aquí , que está 
mucho mas fresco. 

Doña Ir. Pero aquella muchacha qré 
li ce , que no trae una luz ? Para 
qualquiera co>a se está un sño... Y 
yo que tengo un genio como una 
pólvora. . (i) Sea 10J0 por D.os... 
Y Don Diego no ha venido ? 
- en,-#*-ír .Me parece que no. 

Doña Ir. Pues cienta , niña , con lo 
que te he dicho ya. Y mira que 
DO gpsto de repetir una cosa d.>s 
veces/. Este Caballero está sentido y 
o>n muchísima razón... 

Doña Fr Bien , si Señora , ya lo sé. 
No me riña usted mas. 

Doña Ir. No es esto reñirte , hija mía, 
esto es aconsejarte. Por que , como 
lú uo tienes conocimiento para con- 
siderar el bien que se nos ha entra- 
do por F.is puertas... Y lo atrasadi 
qne me coge : que yo no sé lo que 
hubiera sido de tu pobre madre... 
Siempre esyendo y levantando. ..Mé- 
dicos , botica... Que se dexaba pe- 
dir aquel Caribe de Don Bruno ( Dios 
le haya coronado de gloría) los vein- 



te y los treinta reiles por cada pa- 
jelüo de pildoras de coloquíntida y 
asafétida... Mira que un casamiento co- 
mo el que vas á hacer muy pocas le 
consiguen. Bien que á las oraciones de 
tus tias , que sen unas bienaventu- 
radas , debemos agradecer esta for- 
tuna , y no á tus méritos ni á mi 
diligencia... Qué dices? 

Doña Fr. Yo nada , mamá. 

Doña Ir. Pues , nunca d ; ces nada. 
Válgame Dics, S ñor !.. En hablán- 
dote de esto , no te ocune nada 
que decir. 

SC EN A III. 

Rita (2) Doña Irene. Doña Francisca. 

Doña Ir. Vaya , rouger : yo pensé que 
en toda la noche no venias 

Rit. Señora, he tardado, porque h;tn 
tenido que ir á comprar las velas. 
Como el tufo del velón la hace á 
usted tanto di-ño. 

Doña Ir. Seguro que me hace muchí- 
simo mal , con esta x^queca que pa- 
dezco... Los parches de alcanfor al 
cabo tuve que quitármelos ; si no me 
sirvieron de nada. Con las pbleas 
me parece que me va mejor... Mi- 
ra , dexa una luz ahí y llévate la 
otra á roí qn;irto , y corre la cor- 
tina , no se me llene todo de mos- 
quitos. 

Rit Mv-y bien. (3) 

Doña Fr. No ha venida ? (4) 

Rit. Vendrá. 

Doña Ir. Oyes , aquella carta qoe es- 
tá sobre la mesa , dásela al n o¿o de 
h> posada , para que la lleve al ins- 
tante al correo... (5) Y tu niña, qué 



(1) Siéntase. 

(2) Sale por la tuerta del foro con luces, y Lis pone encima de la mesa, 

(3) Toma una luz y hace que se va. 

(4) Aparte. 

(5) Vase Rita al qu.irto de Doña Irene. 



i 4 

has de cenar? Por qoe será menes- 
ter recogernos presto , para salir ma- 
nilla de madrugada. 

Doña Fr. Como las Monjas me hicie- 
ron merendar... 

Doña Ir. Con todo eso... Siquiera unas 
sopas del pachero , para el abrigo 
del estómago... (i) Mira , has de ca- 
lentar el caldo qoe apartamos al me- 
dio dia , y haznos un par de ta- 
zas de sopas , y traetelas luego que 
estén. 

JR.it. Y nada m?s ? 

Doña Ir. No , nada mas... Ah ! y ház- 
melas bien caldositas. 

Rit. Si , ya lo sé. 

Doña Ir. Rita. 

Rit. Otra. Qué manda usted ? 

Doña Ir. Encarga mucho al mozo, 
que lleve la crta al instante ... Pe- 
ro, no Señor , mejor es... No quie- 
ro que la lleve él : que son unos 
borrachones , que no se les pnede... 
Has de decir á Simón , que dgo 
yo , que me haga el gusto de echar- 
la en el correo. Lo entiendes ? 

3R.it. Si Señora. 

Doña Ir. Ah ! mira. 

Rit Otra. 

Doña Ir. Bien que ahora no corre pri- 
sa... Es menester que luego me sa- 
ques de ahí al tordo y colgarle por 
aquí , de modo que no se caiga, 
y se me lastime... (í) Que noche tan 
mala me dio !.. Pues no se estuvo 
el animal toda la noche de Dios , re- 
zando el G oria Patri y la oración 
del Santo Sudario!.. Ello por oirá 
parte edificaba , cierto... Pero quan- 
do se trata de dormir... 



SCENA IV. 
Doña Irene. Doña Francisca, 

Doña Ir. Pues mucho será que Don 
Diego no haya tenido algún encuen- 
tro por ahí y eso le detenga. Cier- 
to que es un S-ñor muy mirado, 
mty puntual... Tan buen cristiano! 
Tan ateiito ! Tan bien hablado ! T 
con que garbo y generosidad se por- 
ta!,. Ya se vé, un sogeto de bie- 
nes y de posibles... Y qué casa tie- 
ne ! Como una ascua de oro la tie- 
ne. Es mucho aquello. Qué ropa 
blanca ! Qué ba'ería de cocina ! Y 
qué despensa , Ikna de quanto Dios 
ciió.'.. Pero, tú no parece que atien- 
des á lo que estoy diciendo. 

Doña Fr Si Señora , bien lo oygo; 
pero no !a qrjeria interrnmpir á usttd. 

Doña Ir. Allí estarás, hija mia , co- 
mo el pez en e! agua ; paxarits; del 
ayre , que apetecieras , la<; .|£n_iiL^j 

• por que como él te quiere tanto , y^ 
es un Cabjllero tan de bien y tan 
temeroso de Dios... Pero mira, Fran- 
cisquita , que me cansa de veras , el 
que siempre que te hablo.de esto, 
hayas dado en la flor de pp respon- 
derme palabra... Pero no es cosa par- 
ticular , Señor ! 

Doña Fr. Mamá , no se enfade csted. 

Doña Ir. No es buen empopo de... Y 
te parece á tí que no sé yo muy 
bien de donde viene todo eso?.. No 
ves que conozco las locuras que se 
te bm metido en esa cabeza de 
chorlito ?.. Perdóneme Dios. 

Doña Fr. Pero... Pues qué sabe nsted? 

Doña Ir Me quieres engañar á mí , eh? 
Ay ! hija!... He vivido mucho, y 
tengo yo mucha trastienda y mucha 
penetración , para que tu me engíñes. 

(i) Sale Rita con una carta en la mam y hasta el fin de la setna hace 
que se vi y vuelve , según lo indica el dialogo, 
(i) Vase Rita por la puerta del foro. 



Doña Fr. Perdida soy. (i) 

Doña Ir. Sin contar con su madre... 
Como si tal madre no tuviera... Yo 
te aseguro que , aunque no hubiera 
sido con esta ocasión , de todos mo- 
dos era ya necesario sacarte del 
convento. Aunque hubiera tenido 
que ir á pie y sola por ese ca- 
mino , te hubiera sacado de allí... 
Mire usted qué juicio de niña este! 
Que , por que ha vivido un poco 
de tiemr. o entre Monjas , ya se la 
puso en la cabeza el ser ella Mon- 
ja también... Ni que entiende ella 



de 



eso 



que. 



En todos los es- 



tados se sirve á Dios , Frazquita; 
pero el complacer á su madre , asis- 
tirla , acompañarla y ser el consuelo 
de sus trab jos , esa es la primera 
obligación de una hija obedieute. 
Y sépalo usted , si no lo Sabe. 

Doña Fr. Es verdad, mamá... Pero yo 
nunca he pensado abandonarla á usted. 

Doña Ir. Si , que no sé yo... 



''Doña FrT~Í"¿¡ Señora. Créame usted. 
La Paquita cunea se apartará de su 
madre 1 , ni la dará disgustos. 

Don i I?. Mira si es cierto lo que dices. 

Doña Fr. Si Señora ; que yo no sé 
mentir. 

Doña Ir. Pues , hija , ya sabts lo que 
te he dicho. Ya ves lo que pierdes, 
y la pesadumbre que me darás , si 
no te ponas en un todo «.orno cor- 
reponde... Cundido con ella. 

Doña Fr. Pobre de mí ! (2) 

SC EN A V. 

Dm Diego. {3) Doña Irene. Doña 
Francisca. 

Doña Ir. Fues», cómo tan larde? 



1* 

D. Die. Apenas Salí , tropecé con el 
Padre Guardian de San Diego y el 
Doctor Padilla , y hasta que me han 
hartado bien de chocolate y bollos, 
no me han querido soltar... (4) Y á 
todo esto, como va? 

Doña Ir. Moy bien. 

D. Die. Y Doña Paquita ? 

Doña Ir. Doña Paquita , siempre acor- 
dándose de sus Monjas. Ya la digo, 
que es tiempo de mudar de bisiesto, 
y pensar solo en dar gusto á su ma- 
dre y obedecerla. 

D Die. Qué diantre ! Con qué tanto 
se acuerda de... 

Doña Ir. Qué se admira usted ? Son 
niñas... No saben lo que quieren, 
ni lo que aborrecen... En una edad, 
así , tan... 

D. Die. No , poco á poco , eso no. 
Precisamente en esa edad son las 
pasiones algo mas enérgicas y deci- 
sivas que en la nuestra : y por quan- 
to. la razón se halla todavía imper- 
fecia y débil ,. les ímpetus del co- 
razón son mucho mas violentos... (5) 
Pero, de veras, Doña Paquita, se 
volveria usted al convento de buena 
gana?.. La verdad. 

Doña Ir. Pero , si ella no... 

D. Die. Déxela usted, Señora, que 
ella responderá. 

Doña Fr. Bien sabe usted lo que aca- 
bo de decirla... No permita Dios que 
yo la dé que sentir. 

D. Die, Pero eso lo dice usted tan afli- 
gida y... 

Doña Ir. Si es natural , Señor. No ve 
usted que... 

D- Die. Calle usted por Dios , Doña 
Irene , y no me diga usted á nú lo 
que es natural. Lo que es natural 



(1) Aparte, 

(2) Aparte. 

(3) Sale por la puerta del foro , y deaa sobre la mesa sombrero y bastón. 

(4) Siéntase junto á Doña Irene. 

(j) Asiendo de una mano 4 Doña Francisca ¡a hace sentar inmediata 4 él. 



i6 

es : qoe la chica esté llena de m!e- 
- do y no se atreva á decir una pa- 
labra , que se oponga alo que su 
madre quiere que diga... Pero si es- 
to hubiese , por vida mía , que es- 
tábamos lucidos. 

Doña Fr. No Señor, lo que dice su 
merced eso digo yo. Lo mismo. Por 
que en todo lo que me manda la 
obedeceré. 

D. Die. Mandar, hija mia!... En estas 
materias tan delicadas, los pad'es que 
tienen juicio no mandan. Insinúan, 
proponen, aconsejan ; eso s't , todo 
eso sí; pero mandar!.. Y quién ha 
ha de evitar después las resulas fu- 
nestas de lo que mandaron?.. Pues 
quáutas veces vemos matrimonios in- 
felices , uniones monstruosas , veri- 
ficadas solamente por que un padre 
tonto se metió á mandar lo que no 
debiera?.. Quintas veces una desdi- 
chada mug:r h Ha antiuipida la moer- 
te en el enc ; er o do uu claustro , por- 
que su madre ó su tio so emptñu- 
roo en reg lar á Dios, loque Dios 
no queria ?.. Eh ! No Sen >r , eso 
no va bien. . Mire usted Doña Pa- 
quita , yo no soy de aqu*l'os hom- 
bres que se disimulan los defectos. 
Yo ié que ni mi figura , ni mi edad, 
son para enamorar perdiJamente á 
nadie, pero tampoco he creido. im- 
posible , que una mus.hacha de jui- 
cio y bien criada , llegase á querer- 
me , coa aquel amor tranquilo y 
constante, que tanto se parece á la 
amistad , y es el único que puede 
hacer los matrimonios felices. Para 
conseguirlo , no he ido á buscar nin- 
guna hija de familia , de estas que 
viven en uní decente libertad .. Dj- 
cente : que yo no culpo lo que no 
se opone al exercicio de la virtud. 
Pero , qual seria entre todas ellas, 
la que no estuviese ya prevenida en 
favor de otro amante , mas apeteci- 
ble que yo ? Y en Madrid , figúre- 



se usted en on Madrid... Lleno da 
estas ideas , me pareció qce tai vez 
hallaría en usted todo quanto yo de- 
seaba... 

Doña Ir. Y puede usted creer , Señor 
Don Diego , que... 

D. Die. Voy á acabar , Señora , dé- 
xeme usted acab.ir. Yo me hago 
cargo , querida Paquita , de lo que 
habrán inñuido en una niña tan bien 
inclinada como usted, las santas cos- 
tumbres que ha visto practicar ea 
aquel ¡nocente asilo de la devoción 
y la virtud ; pero, si á pesar de to- 
do esto, la imaginación acalorada, 
las circunstancias imprevistas , la hu- 
biesen hecho elegir sugeto mas dig- 
no : sepa mted que yo no quiero 
nada con violencia. Yo soy ingenuo: 
mi corazón y mi lengua no se con- 
tradicen junas. Esto mismo la pido 
á usted , Paquita , sinceridad. El ca- 
riño que á usted la tengo , no la deb« 
hacer infeliz... Su madre de usted no 
i es capaz de querer unr- :.".JL.S*titu , 

y sabs muy bien que á nadie se le lu- 
ce dichoso por fuerza. Si usted no 
halla en mí prendas que la inclinen, 
si sienre algún otro cuidadillo en 
su «K.-zofi : créame usted , la me- 
nor disimulación en esto nos daría i 
todos muchísimo que sentir. 

Doña Ir. Puedo hablar ya , Señor? 

D. Die. Ella, ella debe hablar: y sin. 
apuntado- , y sin intérprete. 

Doña Ir. Quando yo se lo mande. 

D Die. Pues ya puede usted mándame- 
lo , por que á ella 1 1 toca respon- 
der... C. n ella he de casarme, con 
usted no. 

Don i Ir. Yo creo Señor Don Die- 
go , que ni con ella ni conmigo. 
En qué concepto nos tiene usted ?.. 
Bien dice su padrino y bien cLro 
me lo escrb.ó tocos dias ha , quan- 
do le di parte de este casamiento. 
Que aunque no la ha vuelto á ver 
cksde que la tuvo en la pila , la 



quiere muchísimo , y á qoantos pi- 
lan por el Burgo de Osma les pre- 
gunta como esiá , y continuamente 
nos envia memorias con el Ordinario. 
D Die. Y bien , Señora , que escu- 
bió el padrino?.. O por mejor de- 
cir , que tiene que ver nada de eso 
con lo que estamos hablando? 
Doña Ir. Si Señor que tiene que ver, 
Si Señor. Y aunque yo lo diga , le 
aseguro á usted que ni un padre de 
Atocha hubiera puesto una carta me- 
jor que la que él me envió , sobre 
el matrimonio de la niña... Y no es 
ningún Catedrático , ni Bachller , ni 
nada d¿ eso ; sino un qaalqoiera , co- 
mo quien dice , un hombre de capa 
y espida ; con un emplcillo infeliz 
en el Ramo del viento ; que apenas 
le da para comer... Pero , es muy 
ladino , y sabe de todo , y tiene una 
labia , y escribe que da gusto... Qua- 
li toda la carta venia en latin , no 
le parezca á usted , y muy buenos 
fg^g -rf i tscjo» y: me daba en ella... Que 
no es posible si no que adivinase, 
lo que nos está sucediendo. 
Z>. Die. Pero , Señora , si no sucede 
nada , ni hay cosa qua á usted la 
deba disgustar. 
Doña Ir. Pues no quiere usted que me 
disguste , oyéndole hablar de mi hija 
en unos términos , que... Ella otros 
amores, ni otros cuidados!. Pues 
si tal hubiera... Válgame Dios !.. La 
m taba á golpes, mire usted... Res- 
póndele , una vez qne quiere que ha- 
bles y que yo no chiste. Cuéntale 
los novios que dexas'e en Madrid, 
qoaDdo tenias doce años , y los que 
has adquirido en el convento , al la- 
do de aque.la santa muger. Duelo 
.para que se tranquilice y... 
D- Die. Yo , Señora , estoy mas tran- 
quilo que usted. 
Doña Ir. Respóndele. 



*? 
Doña Fr. Yo no sé que decir. Si us- 
tedes se enfadan. 
D. Die. No , hija mía. Esto es dar 

alguna expresión á lo que se dice; 
pero enfadamos , no por cieno Doña 
Irene sabe lo que j o la estimo. 
Doña Ir. Si Señor que lo sé, y estoy 
sumamente agradecida á los f. ro.ee 
que u íted nos hace .. Por eso mi<mo... 
D. Die. No se hable de agradecimiento: 
quanto yo puedo hacer, todo es po- 
co .. Quiero solo que Doña Paquita 
"esté contenta. 
Doña Ir. Pues no ha de estarlo?.. 

Responde. 
Dcña Fr- Si Señor que lo estoy. 
D. Die. Y que la mudanza de estado 
que se la previene , no la cueste el 
menor sentimiento. 
Doña Ir. No señor todo al contrario... 
Boda mas á gusto de todos , no s« 
pudiera imaginar. 
D. Die. En esa inteligencia , puedo 
asegurarla que no ten-Hrá motivos de 
arrepentirse después En nuestra com- 
pañía vivirá querida y adorada , y 
eipero que á fuerza de beneficios, he 
de ov recer su estimación y su amistad. 
Don* Fr. Gracias , Señor D. Diego... 
A una huétfana , pobre , desvalida 



como yo 



i 



J). Die. Pero de prendas tan estima- 
bles , que la hacen á usted d gna 
todavía de mayor fortuna. 

Doña Ir. Ven 2qui , ven... Ven aquí, 
Paquita. 

Doña Fr. Mamá, (t) 

Doña Ir. Ves lo que te quiero ? 

Doña Fr. Si S ñora. 

Doña Ir. Y quanto procuro tu 
Que no tengo oro pió, sir>o 
verte colocada , antes que ye 

Doña Fr- B ; en lo conozco. 

Doña Ir. Hji de mi vida!.. Has de 
ser buena ? 

Doña fr. Si Señora. 



bien? 
el de 
falte! 



( i ) Levántate Doña Francisca , abraza « su madre y se acarician mutuamente. 



¡J 

Doña Ir. A y ! qué no sabes tú lo que 

ie quiere ta madre ! 
Doña Fr. Pues qué ? No la quiero yo 

á usted ? 
D. Die. Vamos, vamos de aquí, (r) 

No venga alguno y nos halle á los 

tres , llorando como tres chiquillos. 
Doña Ir. Si , dice usted bien. (2) 

SCENA VI. 

Rita. Doña Francisca. 

Rit. Señorita .. Eh ! chit... Señorita. 

Doña Fr. Qué quieres? 

Rit. Ya ha venido. 

Doña Fr. Cómo ? 

Rit Ahora mismo acaba de llegar, te 
he dado un abrazo , con licencia de 
usted , y ya sube por la escalera. 

Doña Fr. Ay ! Dios !... Y qué debo 
hacer ? 

Rit. Donosa pregunta!.. Vaya , lo que 
importa es , no gastar el tiempo en 
melindres de amor... Al asunto... y 
juicio... Y mire usted que en el pa- 
rage en que estamos , la conversación 
no puede ser muy larga... Ahí está. 

Doña Fr. Sí... El es. 

Rit. Voy á cuidar de aquella gente... 
Valor , Señorita y resolución. (3) 

Doña Fr. No , no , que yo también... 
Pero , no lo merece. 

SCENA VII. 

Don Carlos. (4) Doña Francisca. 

D. Cari. Paquita... Vidamia! Ya es- 
toy aquí... Como va, hermosa, co- 



mo va !• 

Doña Fr. Bien venido. 

D. Cari. Cómo tan triste ?.. No merece 
mi llegada mas alegría? 

Doña Fr. Es verdad ; pero acaban de 
sucederme cosas , que me tienen fue- 
ra de mí... S.ibe usted... Sí , bien lo 
sabe usted... Después de escrita aque- 
lla carta , fueron por mí .. Mañana 
á Madrid... Ahí está mi madre. 

D. Cari En donde ? 

Doña Fr. Ahí , en ese quarto. (5) 

D- Cari. Sola. 

Doña Fr No Señor. 

D. Cari. Esiará en compañía del pro- 
metido esposo. (6) Mejor... Pero , no 
hay nadie mas con ella ? 

Doña Fr. Nadie mas : solos están... 
Qué piensa usted hacer ? 

D. Cari. Si me dexase llevar de. mi pa- 
sión y de lo que esos ojos me inspi- 
ran , una temeridad... Pero , tiempo 
hay... El también será hombre de 
honor , y no es justo insultarle , por 
que quiere bien á una nnij 1 . mm 
digna de ser querida... Yo no co- 
nozco á so madre de usted , ni... 
Vamos , ahora nada se puede ha- 
cer... Su decoro de nsted merece la 
primera atención. 

Doña Fr. Es mucho el empeño que 

tiene en que me case con él. 
D. Cari. No importa. 

Doña Fr. Quiere que esta boda se ce- 
lebre , así que lleguemos á Madrid. 

D. Cari. Quál ?.. No. Eso no. 

Doña Fr. Los dos están de acuerdo, 

y dicen... 
D Cari. Bien... Dirán... Pero, no pue- 
de ser. 



(1) Levántase Don Diego y desfiles Doña Irene. 

(z) Vanse los dos al quarto de Doña Irene. Doña Francisca Va detrat f 
Rita que sale por ¿a puerta del foro , la hace detener. 

(3) Rita se va al quarto de Doña Irene. 

(4) Sale por la puerta del foro. 

(5) Seña' ando al quarto de Doña Ir en*. 

(6; Se acerca al quarto de Daña Irene , se detiene , y vuelve. 



Dtna Fr. M! madre no me había con- 
tinuamente de otra materia... Me ame- 
naza , me ha llenado de temor... £1 
insta por su parte : me ofrece tan- 
tas cosas, me... 

D. Cari Y usted qué esperanza le da?.. 
Ha p ometido quererle mucho. 

Doña Fr. Ingrato !.. Pues no sabe us- 
ted que... Ingrato ! 

D. Cari. Sí, no lo ignoro, Paquita... 
Yo he sido el primer amor. 

Doña Fr. Y el último. 

D. Cari. Y antes perderé la vida, que 
renunciar el lugar que tengo en ese 
corazón... Todo él es mió... Digo 
bien ? (i) 

Doña Fr- Pues de quien ha de ser? 

D. Cari. Hermosa! Qué dulce esperan- 
za me anima !.. Una sola palabra de 
esa boca me asegura... Para todo me 
da valor... En fin : ya estoy aquí. 
Usted me llama para que la defien- 
da , la libre , la cumpla uní obliga- 
ción, mil y mil veces prometida? 
Pues á eso mismo vengo yo... Si 
ustedes se van á Madrid mañana, 
yo voy también. Su madre de us- 
tad sabrá quien soy... Allí puedo 
contar con el favor de un anciano 
respetable y virtuoso : á quien , mas 
que tio , debo llamar amigo y pa- 
dre. No tiene otro deudo mas in- 
mediato , ni mas querido que yo: 
es hombre muy rico , y si los do- 
nes de la fortuna tuviesen para us- 
ted algún atractivo , esta circuns- 
tancia añadiría felicidad á nuestra 
anión. 

Doña Fr. Y qué vale para mí toda 
la riqueza del mundo? 

D. Cari. Ya lo sé. La ambición no pue- 
de agitar á un alma tan inocente. 

Doña Fr. Querer y ser querida... Ni 
apetezco mas > ni conozco mayor 
fortuna. 

(i) Asiéndola de las manos, 
(2) Se enternece y llora. 



'9 

D. Cari. N! hay otra... Pero usted de- 
be serenarse , y esperar que la suer- 
te mude nuestra aflicción presente 
en durables dichas. 

Doña Fr. Y qué se ha de hacer , pa- 
ra que á mi pobre madre no la cues- 
te una pesadumbre ?.. Me quiere tan- 
to !.. Si acabo de decirla que no la 
disgustaré , ni me apartaré de su la- 
do jamás : que siempre seré obedien- 
te y buena... Y me abrazaba con 
tanta ternura ! Quedó tan consolada 
con lo poco que acené á decirla... 
Yo no sé , no sé que camino ha de 
hallar usted para salir de estos ahogos. 

D. Cari. Yo le buscaré... No tiene us- 
ted confianza en rr.í ? 

Doña Fr. Pues no he de tenerla ?.. 
Piensa usted que estuviera yo viva, 
si esa esperanza no me animase ? Sola 
y desconocida de todo el mundo, 
qué habia yo de hacer ? Si usted no 
hubiese venido, mis melancolías me 
hubieran muerto : sin tener á quien 
volver los ojos , ni poder comuni- 
car á nadie la causa de e'las... Pe- 
ro usted ha sabido proceder como 
Caballero y amante, y acaba de dar- 
me con su venida la prueba mayor 
de»Io mucho que me quiere. (2) 

D. Cari. Qué llanto !.. Cómo persua- 
de!.. Si, Paquita, yo solo basto 
para defenderla á usted de quantos 
quieran oprimirla. A un amante fa- 
vorecido , quién puede oponérsele? 
Nada hay que temer. 

Doña Fr Es posible ? 

D. Cari Nada .. Amor ha unido nuestras 
almas en estrechos nudos , y solo el 
brazo de la muerte bastará á dividirlas. 

SC EN A VIII. 

Rita. Don Carlos. Doña Francisca, 

Rit. Señoiita , adentro. La mamá pre- 
Cz 



20 

gunta por usted. Voy í traer la ce- 
na , y se van á recoger al instan- 
te... Y usted Señor galán , ya pue- 
de también disponer de su persona. 

jD. Cari. Sí , que no conviene anticipar 
sospechas... Nada tengo que añadir. 

Doña Fr- Ni yo. 

D. Cari Hasta mañana... Coa la luz det 
dia veremos á este dichoso competidor. 

Rit Un Caballero muy honrado , muy 
rico, muy prudente: con su chupa 
larga , su camisola limpia y sus se- 
senta años dobaxo del peluquín, (i) 

Doñt Fr. Hasta mañana. 

D. Cari. A Dios , Paquita. 

Doña Fr. Acuéstese usted , y descanse. 

JD Cari. Descansar , con zelos? 

Doña Fr. De quién ? 

D. Cari Buenas noches... Duerma us- 
ted bien , Paquita. 

Doña Fr. Di»rm¡- con amor? 

D. C.irl. A D os , vida mu. 

DoñaFr. A Dios, (a) 

SC EN A IX. 

on Carlos. Calamocha. Rita. 

D. Cari. Quitármela !.. (3) No... Sea 
quien fuere , no me la quitará. Ni 
su madre ha de ser tan imprudente 
que se obstine en verificar este ma- 
trimonio, repugnándolo su hija... Me- 
diando yo... Sesenta años !.. Preci- 
samente será muy rico... El dinero.'.. 
M.t'd¡:o el sea , que tantos desór- 
denes origina. 

Cal. Pues , Señor , (4) tenemos un mc- 

(1) Se va por la puerta del foro. 

(2) Entrase al quarto de Doña Irene. 

(3) Paseándose con inquietud. 

(4) Sale Calamocha por la puerta del foro. 

(5) S.de Rita por la puerta del forocon unos platos, tazas, cucharas y servilletas. 

(6) Entrase al quarto de Doña Irene. 

(7) Cal imocha se encamina á la puerta del foro , y vuelve: se acerca 4 
Do n Carlos , r hablan ap irte hasta tifia de U scena , en que Calamocha st 
adelanta d saludar d Simón. , 




dio cabrito asado , y... A lo menos, 
parece cabrito. Tenemos ana magní- 
ca ensalada de berros ; sin anapelos, 
oi oirá materia extraña : bien lavada, 
escurrida y condimentada por estas 
manos pecadoras , que no hay mas 
que pedir. Pan de Meco , vino de 
la Tercia... Con que si hemos de 
cenar y dormir, me parece que se- 
ria bneno. .. 

D. Cari. Vamos... Y á donJc ha de ser? 

Calam. Abaxo... Allí he mandado dis- 
poner una angosta y fementida mesa, 
que parece un banco de Herrador. 

Rit. Quién quiere sopas ? (5) 

D. Cari. Buen provecho. 

Cal. Si hay alguna real moza que gus- 
te de cenar cebrito , levante el dedo. 

Rit. La real moza se ha comido ya 
media cazuela de albondiguillas... Pe- 
ro , lo agradece , Señor militar. (6) 

Cal. Agradecida te quiero yo , niña 
de mis ojos. 

JD. Cari. Con qtié , vamos ? 



(7) ^Eu ! cSTSjP^ 



Cal. Ay ! ay ! sv !. 
digo... 

D Cari. Qué ? 

Cal. No ve usted lo que viene por allí? 

JD. Cari. Es Simón ? 

Cal. El mismo... Pero , quién dia- 
blos le... 

D. Cari. Y qué haremos ? 

Cal. Qué sé yo ?.. Sonsacarle , men- 
tir y... Me da usted licencia para que.. 

JD. Cari. Sí, miente lo que quieras... A 
qué habrá renido este hombre ?' 



SC EN A X. 

Simón, (i) Don Carlos. Cálamo, ha. 

■Cal. Simón , tá por aquí. 

Sint. A Dios , Calamocha. Como va? 

Cal. Lindamente. 

Sim. Qu.mto me alegro... 

D. Cari. Hombre? tú en Alcalá? Fues 
qué novedad es esta ? 

Sim. Oh ! que estaba usted abí > Seño- 
rito.» Voto va sanes ! 

D. Cari. Y mi tio í 

Sim. Tan bueoo. 

Cal. Pero se ha quedado en Ma- 
drid , ó... 

Sim. Quién me rubia de decir í mí.. 
Cosa como ella !i. Tan ageno estaba 
yo ahora de~. Y usted de cada vez 
mas guapo... Coa qué usted irá á 
ver ai tio y eh ? 

Cal. Tú habrás venida coa algún en- 
cargo del amo. 

Cí/w: 'i qü^ v;alor traxe y qué polvo 
por ese camino ! Ya, ya! 

Cal. Alguna cobr-anza tal vez. Eh ? 

D Cari. Puede ser. Como tiene mi tío 
ese poco de hicíenda en Ajalvir... 
No has venido á eso? 

Sim. Y qué buena maula le ha salido 
el tal administrador ! Labriego mas 
marrullero y mas bellaco , no le hay 
en toda la campiña... Con que usted 
viene íhora de Zaragoza ? 

D. Cari. Pues... Figúrate tú. 

fim. O va usted allá? 

P-Carl Adonde? 

Kot. A Zaragoza. No está allí el Re- 
gimiento ? 



21 

Cal Pero , hombre , sí salimos el ve- 
rano pasado de Madrid , no había- 
mos de haber andado mas de qua- 
tro leguas ? 

Sim. Qué sé yo ? Algunos van por la 
posta , y tardan mas de quatro me- 
ses en Ikgar... Debe de ser en ca- 
mino muy malo. 

Cal. Maldito (2) seas tá y tu camino, 
y l.i bribona que te dio papilla. 

D- Cari. Pero aun no me has dicho t ü 
mi tio está en Madrid ó en Alcalá, 
nía qué has venido, tú.» 

Sim. Bien, á eso voy... Sí Señor , voy 
á decir á usted... Cou que... Puci 
el amo me dixo... 

SCENA XI. 

Don Diego. Don Carlos. Simón. 
Calamocha. 

Z>. Die. No , no es menester r si hay 
luz aquí. Buenas noches, Rita. (3) 

D Cari. Mi tio !.. 3 

D. Die. Simón. (4) 

Sim. Aquí estoy , Señor. 

D. Cari. Todo se ba perdido ! 

D. Die. Vamos... Pero... Quiénes? 

Sim. Un amigo de usted , Señor. 

D Cari'. Yo estoy muerto f 

D. Die. Como-, un amigo ?.. Qué ?.. 
Acerca esa luz. 

D. Cari. Tía (5)- 

D. Die. Quítate de ahí. 

D. Cari. Señor. 

D. Cari. Quítate... No sé como no le,.. 
Qcé haces aquí ? '4 

D Cari. Si usted se altera y... 

IX Die. Qué haces aquí ? 






(r)~ Sale por la puerta del foro, 

(2) Aparte , separándose de Simón. 

(y) Des-de adentro. Don Carlos se turba , r se aparta aun extremo del teatro. 

(4) Sale D. Hiego del quarto de Doña Irene encaminándose al suyo : repara, 
n Dan Carlos , y se acerca á. él. Simón le alumbra , y vuelve A dexar la 
Itz sobre la mesa. 

(j) En ademan de besar la mano 4 Din Diego, que le aparta de sí ton enojo. 



32 

X>. Cari. Mi desgracia me ha traído. 

D. Die. Siempre dándome que sentir, 
siempre!.. Pero., (i) Qué dices?.. 
De veras , ha ocurrido alguna des- 
gracia? Vernos... Oé te sucede?.. 
Por qué estás aquí? 

Cal. Por que le tiene á usted ley, y 
le quiere bien y... 

D. Die. A tí no te pregunto nada .. Por 
qué has venido de Zaragoza, sin que 
yo io sepa?.. Por qué te asusta el 
verme?.. Algo has hecho : sí, algu- 
na locura has hecho, qce le habrá 
de costar la vida á tu pobre tio. 

D. Cari. No , Señor : que nunca olvi- 
daré las máximas de honor y pru- 
dencia que usted me ha inspirado 
tantas veces. 

Z>. Die. Pues á qué veniste?.. Es de- 
safio? son deudas? Es algún disgus- 
to con tus Gefes?.. Sácame de esta 
inquietud, Carlos... Hijo mió, sá- 
came de este afán. 

Cal. Si todo ello no es mas que... 

D. Die. Ya he dicho que calles... Vea 
acá. (i) Dime qué ha sido? 

Z>. Cari. Una ligereza , una falta de 
sumisión á usted. Venir á Madrid 
sin pedirle licencia primero... Bien 
arrepentido estoy , considerando la 
pesadumbre que le ha dado el verme. 

JP. Die. Y qué otra cosa hay ? 

Z>- Cari. Nada mas , Señor. 

D. D'te. Pues qué desgracia era aque- 
lla , de que me hablaste ? 

D. Cari. Ninguna. La de hallarle á 
osted en este parage.. Y haberle dis- 
gustado tanto ; quando yo esperaba 
sorprchenderle en Madrid , estar en 
su compañía algunas semanas, y vol- 
verme contento de haberle visto. 

JD. Die. No hiy mas ? 

D. Cari. No Señor. 



D. Die. Míralo bien. 

D. Cari. No Señor... A eso venia. No 
hay nada mas. 

D. Die. Peto no me d'gas tú á mí... 
Si es imposible que estas escapadas 
se... No Señor... Ni quien ha de 
permitir que un Oficial se vaya qoan- 
do se le antoje y abandone de ese 
modo sus banderas?.. Pues si taleí 
exemplos se repitieran mucho, á Dios 
disciplina militar... Varaos... Eso no 
puede ser. 

D. Cari. Considere usted , tio , que 
estamos en tiempo de paz : que en 
Zaragoza no es necesario un servi- 
cio tan exacto , como en otras pla- 
zas , en que no se permite descan- 
so á la guarnición... Y , en fin , pue- 
de usted creer que cte viage su- 
pone la aprobación y la licencia di 
mis superiores : que yo también mi- 
ro por mi estimación, y que quan- 
do me he venido , estoy seguro de 
que no hago falta. 

Z>. Die. Un Oficul -sie-rfptc filSrW 
ta á sus soldados. El Rry le tiene 
allí para que los instruya , los pro- 
teja y les dé exemplos de subordi- 
nación , de valor , de virtud. 

Z>. Cari Bien está ; pero ya he dicho 
los motivos... 

D. Die. Todos estos motivos no valen 
nada... Por que le dio la gma de 
ver al tio ! . Lo que quiere su tic 
de usted no es verle cada ocho d av 
sino saber que es hombre de juicic 
y que cumple con sus 'obligaciones 
Eso es lo que quiere,.. Pero , (3) ye 
tomaré mis medidas para que estas 
locuras no se repitan otra vez... Le 
que usted ha de hacer aheta es mar- 
charse, inmediatamente. 

D. Cari. Señor , si... 



(1) Acercándose á Don Carlos, 

(2) Asiendo de una. mano á Do» Carlos , se aparta con él d uh i*tremt 
del teatro , y le habla en voz baxa. 

(3) Alza la voz , y se pasea inquieto. 



2>. Die. No hay remedio... Y hs de 
ser al instante. Usted no ha de dor- 
mir aquí. 

Cal. Es que los caballos no están aho- 
ra para correr... Ni pueden moverse. 

D- Die. Pues con ellos (r) y con las 
maletas , al mesón de afuera... Us- 
sed (i) no ha de dormir aquí... Va- 
mos, (3) tú, buena pieza , menéate. 

. Abaxo con todo Pagar el gasto que 
se haya hecho , sacar los caballos y 
marchar... Ayúdale tú... (4) Que di- 
nero tienes ahí?.. 

£im Tendré unas quatro ó seis onzas. (5) 

D. Die. Dámelas acá... Vamos , qué 
haces?.. (6) No he dicho que ha de 
ser al instante ?.. Volando. Y tú, (7) 
. ve con él , ayúdale , y no te me 
apartes de allí , hasta que se hayaa 
¡do. (8; 

S C E N A XII. 

Don Diego. Don Carlos. 



D. Die. Tome usted. (9) Con eso hay 
bastante para el camino... Vamos, 
que quando yo lo dispongo así , bien 
sé lo que me hago... No conoces que 
es todo por tu bien , y que ha sido, 
on desatino el que acabas de hacer?.. 
Y no hay que afligirse por eso ; ni 
creas que es falta de cariño... Ya sa- 
bes lo que te he querido siempre ; y 



en obrando tú segan corresponde , seré 
tu amigo , como le he sido hasta aquí. 

D. Cari. Ya lo sé. 

D. Die. Pues bien , ahora obedece !• 
que te mando. 

D. Cari. Lo haré sin falta. 

D. Die. Al mesón de afuera. (10) Allí 
puedes dormir , mientras los caballos 
comen y descansan... Y no me vuel- 
vas aquí por ningún pretexto , ni 
entres en la Ciudad... Cuidado... Y 
á eso de las tres ó las quatro, mar- 
char. Mira que yo he de saber á la 
hora que sales. Lo entiendes? 

D. Cari. Si Señor. 

D. Die. Mira que lo has de hacer. 

D Cari. Si Señor : haré lo que usted 
manda. 

D. Die, Muy bien .. A Dios. Todo te 
ío perdono... Vete con Dios... Y yo 
sabré también quando llegas á Zara- 
goza : no te parezca que estoy ig- 
norante de lo que hiciste la vez 
pasada. 

D Cari Pues qué hice yo ? 

D. Die. Si te digo que losé, y qne 
te lo perdono , qué mas quieres?.. No 
es tiempo ahora de tratar de eso... 
Vetei 

D. Cari. Qoede uuetí con Dios, (n) 

D^Die Sin besar la mano á tu tío. Eh? 

D. Cari'. No me atreví (12) 

D. Die. Y dame un abrazo : por si no 
nos volvemos á ver. 



(1) A Calamocha. 

(2) A Don Carlos. 

(3) A Calamocha. 

(4) A Simón. 

(5) Saca de un bolsillo unas monedas , y se las da d Don Diego. 

(6) A Cal.imocha. 

(7) A Simón. 

(8) Los dos criados entran en el quarto de Don Carlos. 

(9) Le da el dinero. 

(10) A los dos criados que salen con los trastos del quarto de Don Car- 
los t v se van por la puerta del foro. 

(ti) Hace que se v4 , y vuelve. 

(12) Btsa U mano á Don Diego y se abrazan* 



24 * 

D. Car!. Qaé dice usted ? no lo per- 
mita Dios. 

D- Die. Quien sabe, hijo mío?.. Tie- 
nes algunas deudas? Te falta algo? 

D- Cari. No Señor, ahora no. 

D. Die. Mucho es : por que tú siem- 
pre tiras por largo .. Como cuentas 
con la bolsa d¿l lio... Pues bien: yo 
escribiré al Señor Aznar para <jue 
te dé cien dob'ones , de orden mía. 
Y mira como lo gastas... Juegas ? 

Z>. Cari. No Señor , en mi vida. 

D. Die. Cuidado con eso. . Con que, 
buen viage. Y no te acalores; jor- 
nadas regulares y nada mas... Vas 
contento? 

D- Cari. No Señor. Por que usted me 
quiere mucho , me llena de bene- 
ficios, y yo le pago mal. 

D. Die. No se hable ya de lo pasa- 
do... A Dios. 

D Cari. Queda usted enojado conmigo? 

D. Die. No, no por cierto... Me dis- 
gusté bastante ; pero ya se acabó... 
No me des qi.e sentir, (i) Paitarse 
como hombre de bien. 

D. Cari. No lo dude usted. 

D. Die. Como Oficial de hon»r. 

D- Cari. Así lo prometo. 

D. Die. A Dios , Carlos. (2) 

D. Cari Y la dexo!... (3) y la pierdo 
para siempre 1 

SCENA XIIL 

Don Diego. 

D. Die. Demasiado bien se ha dispues- 
to... Luego lo sabrá, enhorabuena... 



Pero no es lo misino escribírselo , que... 
Después de hecho no importa nada... 
Pero siempre a^ucl respeto al lio... 
Como una malva es... (4) 

SCENA XIV. 

Doña Francisca. Rita, (j) 

Rit. Macho silencio hiy por aquí- 

Doña Fr. Se habrán recogido ya... Es- 
tarán rendidos. 

Rit. Precisamente. 

Doña Fr, Un camino tan largo ! 

Rit. A lo que ob ¡g.i el amor, Señorita! 

Doña Fr. Sí bien p-ued es decirlo, amor... 
Y yo que no hiciera por él ? 

Rit. Y , dexe usted , que no ha de set 
el último milagro. Quando llegue- 
mos á MiJ id, entonces será ella... 
El pobre Don Diego , qué chasco 
se va á llevar , y por otra parte, 
vea usted que Señor tan bueno , que 
cierto da lastima... 

Doña Fr- Pues en eso cons r ste todo. 
Si él fue i e un homb e dcp'ecLbri-* 
ni mí madre hubiera admitido sn pre- 
tensión , ni yo tendría que disimular 
mi repugnancia... Pero, ya esotro 
tiempo, R ta. D Fe ¡x ha venido, 
y y¿ no, no temo á nadie E'tando 
mi fortuna en su mano, me consi- 
dero la mas dichosa de las mugerc?. 

Rit A y ! ahora me acuerdo... Pues po- 
quito me lo encargó... Ya se te, sí 
con esios amores rengo ya también 
la cabeza... V' y por él. (6) 

Doña Fr. A qué vas ? 

Rit. El tordo , que ya se me olvidl* 
ba sacarle de allí. 



(1) Poniéndole amias manos solre los hombros. 

(2) Abrázame. 

(3) Aparte , al irse por la puerta del foro. 

(4) Se enxuga las lágrimas , toma la luz , y se va d su quarto. El ttd* 
tro queda solo y obscuro por un Lreze espacio. 

(5) Salen del quarto de Doña Irene. Rita sacará una luz , y la pant en- 
cima de la mesa. 

(6) Encaminándose al quarfo d< Doña, Irene. 



Doña Fr. Si , trjele ! nfi empiece í 
rezar como anoihe... Allí quedo jun- 
to á la ventana.., Y ve con cuida- 
do , oo despierte mamá. 

Rit. Si , mire usted el estrépito de es- 
b. Herías, que anda por allá baxo... 
Hasta que lleguemos á nuestra Calle 
del Lobo , número siete , quarto se- 
gundo , no hay que pensar en dor- 
mir... Y ese maldito portón , que re- 
china , que... 

Doña Fr. Te puedes llevar la luz. 

Rit. No es menester , que ya sé donde 
está. (i). 

SC EN A XV. 

Simón. (2) Doña Francisca. 

Doña Fr. Yo pensé que estaban uste- 
des acostados. 

Sim. El amo ya habrá hecho esa dili- 
gencia ; pero yo todavía no sé en 
donde he de tender el rancho... Y 
^ . jy ign sueño que tengo. 

¿~jría Fr Qué gente nueva ha llega- 
do ahora ? \ 

Sim Nadie. Son unos que estaban ahí, 
y se han ¡do. 

Doña Fr. Los arrieros ? 

Sim No Señora. Un Oficial y un cria- 
do suyo , que parece que se van á 
Z iragoza. 

Doña Fr Quiénes dice usted que son? 

Sim Un Oficial de caballería y su asis- 
tente. 

Doña Fr. Y estaban aquí ? 

Sim Si Señora : ahí en ese quarto. 

Doña Fr. No los he visto. 

Sim. P .rece que llegaron esta tarde y... 
A L cuen.a habrán despachado ya la 



comisión qne traían... Con qoe se h,in 
ido... Euenas noches , Señorita. (?) 

SCENA XVI. 

Doña Francisca. Rita. 

Doña Fr. Dios mío de mi alma ? Qué 
es esto?.. No puedo sostenerme... 
Desdichud.i ! (4) 

Rit Señorita , yo vengo muerta, (f) 

Doña Fr. Ay ! que es cierto !.. Tú lo 
sabes también ? 

Rit. Dexe usted , que todavía no creo 
lo que he visto Aquí no hay na- 
die... Ni maletas , ni ropa , ni... Pe- 
ro cómo podia engañarme ? Si yo 
mismo los he visto salir. 

Doña Fr. Y eran ellos ? 

Rit. Si Señora. Los dos. 

Doña Fr. Pero se han ido de la Ciudad? 

Rit. Si no los he perdido de vista, has- 
ta que salieron por la Puerta de Már- 
tires... Como está un paso de aquí. 

Doña Fr. Y es ese el camino de Aragón? 

Rit. Ese es. 

Doña Fr. Indigno !.. Hombre indigno! 

Rit. Señorita... 

Doña Fr. En qué te ha ofendido esta 
infeliz ? 

Rit. Yo estoy temblando toda.. Pero... 
Si es incomprehensible .. Si no al- 
oanzo á descubrir que motivos ha 
p dido luber para esta novedad. 

Doña Fr. Pues no le quise mas qie 
á mi vida? No me he visto o^a de 
amor ? 

Rit No sé qoe decir , al considerar una 
aci ii tan infftne. 

Doña Fr Qé has de decir ? Que no 
me ha querido nunca , ni es hombre 
D 



fi) Vase al quarto de Doña Irene. 

(2) Sale por la puerta dtl joro 

(3) Vase al quarto & Don Diego 

(4) Siéntase en una ¡illa inmediata á la mesa. 

(5) Saca la jaula del tordo y l.i de xa encima de la mes* , abre la puerta 
del quarto de Don Carlos y vuelve. 



26 

de bien... Y vino para esto?.. Para 
| engañarme , para abandonarme así! (i) 

Rit. Pensar que su venida fué con otro 
designio, no me parece natural. ,. 
Zelos... Por qué ha de tener zelos?.. 
Y aun eso mismo , deberia enamo- 
rarle mas... El no es cobarde, y no 
hay que decir que habrá tenido mie- 
do de su competidor. 

Doña Fr. Te cansas en vaDO... Di que 
es un pérfido , di que es un monstruo 
de crueldad , y todo lo has dicho. 

Rit. Vamos de aquí , que puede venir 
alguien y... 

Doña Fr. Sí, vamonos... Vamos á llo- 
rar... Y en qué situación me dexa... 
Pero , ves qué malvado ? 

Rit. Si S ñora , ya lo conozco. 

Doñi Fr. Qué bien supo fingir... Y 
con quién ? Conmigo... Pues yo me- 
recí ser engañada tan alevosamente?.. 

¡ Mereció mi cariño este galardón ?.. 
Dios de mi vida ! Quál es mi delito? 
quál es ? (2) 

ACTO TERCERO. 

SCENA I. (3) 

Don Diego. Simón. 

D. Die. Aquí , á lo menos , ya que 
no duerma, no me derretiré... Va- 
ya , si alcoba como ella , no sé... 
Cómo ronca este!.. Guardémosle el 
sueño , hasta que venga el dia , que 

! ya poco puede tardar... (4) Qué es 
e¿o ? Mira no te caigis , hombre. 

Sim- Qué estaba usted ahí , Señor? 



D. Die. Sí , aquí me be salido , por que 

allí no se puede parar. 
Sim. Pues yo, á Dios gracias, aunque 
la cama es algo dura , he dormido 
como un Emperador. 

D. Die. Mala comparación!.. Di que 
has dormido como un pobre hom- 
bre, que no tiene ni dinero, ni am- 
bición , ni pesadumbres , ni remor- 
dimientos. 

Sim. En efecto, dice usted bien... Y 
que hora será ya ? 

D. Die. Poco ha que sonó el relox de 
San Justo , y si no conté mal , dio 
las tres. 

5//M.Oh! Pues ya nuestros caballeros 
irán por ese eamino adelante echan- 
do chispas. 

D- Die. Si , ya es regular que hayan 
salido... Me lo prometió , y espero 
que lo hará. 

Sim. Pero , si usted viera que apesu- 
dambrado le déxé , qué triste! 

D. Die. Ha sido preciso. 

Sim. Ya lo conozco. , ,¿¡ 



■~- *T 57 c - 

D. Die. No ves qué venida tan intem- 
pestiva? y... 
Sim. Es verdad... Sin permiso de usted, 
sin avisarle , sin haber un motivo ur- 
gente... Vamos, hizo muy mal... 
Bien que por otra parte , él tiene 
prendas suficientes para que se le 
perdone esta ligereza... Dgo... Me 
parece que el castigí no pisará ade- 
lanie. Eh? 
D. Die. No , qué ! N 1 Sen r. Una co- 
sa es que le h.ya he. no vo'vtr... Ya 
ves en que circ .instancias nos rogia... 
Te aseguro que quando (5) se fué me 



(1) Levántase , y Rita la sostiene. 

(2) Rita coge la luz y se van entrambas al qu arlo de Doña Fr masca. 

(3) Teatro obscuro. Sobre la mesa habrá un candelero con v la apagada y 
la jaula del tordo. Simón duerme tendido en el banco. Sale Don Diego de 
su cuarto acabándose de poner la bata. 

(4) Simón despierta , y al oír á Don Diego «■<■ incorpora y se Lvanta. 

(5) Suenan alo lejos tres palmada* . ■■ "V se oye que puntean un 
instrumento. 



quedó un ansia en el corazón... Qué 
ha sonado ? 

Sim. No ié .. Gente que pasa por la ca- 
lle. Serán labradores. 

D. Die. Calla. 

Sim. Vaya , música tenemos , según 

parece. 
~J). Die. Si , como lo hagan bien. 

Sim. Y quién será el amanre infeliz que 
se viene á gorgear á estas horas , en 
ese callejón tan puerco?.. Apostaré 
que son amores con la moza de la 
posada , que parece un mico. 

D. Die. Puede ser. 

Sim. Ya empiezan , oigamos (i)... Pues 
dígole á usted que toca muy linda- 
mente el picaro del Barberiilo. 

D. Die. No : no hay Barbero que se- 
pa hacer eso; por nuy bien que afeite. 

Sim. Quiere usted que nos asomemos un 
poco , á ver.. 

D- Die. No, dexarlos... Pobre gente! 

Quien sabe la importancia que da- 

»— *áa dios 2.. la tal música... (2) No 

gusto yo de incomodar á nadie. 

Sim. Señor... Eh ! Presto , aquí á un 
ladito. 

D. Die. Qué quieres? 

Sim. Que han abierto la puerta de esa 
alcoba , y huele á faldas que tras- 
ciende. 

D. Die. Sí?.. Retirémonos. 



fc 7 



SC EN A II. 



Doña, Francisca. Rita. Don Diego. 
Sim oh. 

Rit. Con tiento , Señorita. 

Doña Fr. Siguiendo la pared , no voy 
bien? (3) 

Rit. Si Señora... Pero vuelven á tocar... 
Silencio. 

Doña Fr. No te muevas... Dcxa .. Se- 
pamos primero si es él. 

Rit. Pues no ha de ser ?.. La seña no 
pnede mentir. 

Doña Fr. Calla (4)... Sí , él es , Dios 
mió !.. (5) , responde... Albricias co- 
razón. El es. 

Sim. Ha oido usted ? 

D. Die. Sí. 

Sim. Qué querrá decir esto ? 

D>Die. Calla. 

Doña Fr. Yo soy (6)... Y que habí* 
de pensar viendo lo que usted aca- 



ba de hacer ?.. Q 



lo cji 
ué fu 



ga es esta 



Rita, (7) amiga, por Dios , ten cui- 
dado , y si oyeres algún rumor , a! 
instante avísame... Para siempre ? 
Triste de mí!.. Bien está ií>ela us- 
ted... Pero yo no acabo de enten- 
der... Ay ! D. Félix , nunca le ha 
visto á usted tan tímido... (8) No, 
no la he cogido , pero aquí está sin 
duda... Y no he de snber ) r o , .has- 
ta que llegue el dia , los motivos que 
D 2 

(1) Tocan una sonata desde adentro» 

(2) Sale de su quarto Doña Francisca V Rita con ella. 
minan d la ventana Dan Diego y Simón se retiran A un 

(3) Vuelven á probar el instrumento. 

(4) Repitan desde adentro la sonata anterior. 

(5) Acércase Rita d la ventana , abre la vidriera y da tres palmadas. Cesa 
la música. 

(6) Doña Francisca se asoma á la ventana : Rita se queda detrás d: ella Los 
puntos suspensivos indican las interrupciones , mas ó mé ios largas que deten hacerse. 

(7) Apartándose de la ventana y vuelve después. 

(8) Tiran disde adentro un 1 carta qut cae por la ventana al teatro. Djñx 
Frai.cista hace aaeman de lascarla y no hallándola vuelve d asomarse. 



Las doS se enca- 
lado f observan. 



3& 

tiene usted para dexarme muriendo?.» 
SI , yo quiero saberlo de su bo- 
ca de usted. Su Paquita de usted se 
lo manda... Y cómo le parece á us- 
ted que estará el mío ?.. No me ca- 
be en el pecho... Diga osted. (i) 

Rit. Señorita , vamos de aquí... Prestq, 
que hjy gente. 

Doña Fr. Infeliz de mí !.. Guíame. 

Rit. Vamos., (a) Ay ! 

Doña Fr. Muerta voy ! 

SC EN A III. 

í 

Don Diego. Simón. 

D. Die. Qué grito fué ese ? 

Sint. Una de las fantasmas , que al re- 
tirarse , tropezó conmigo. 

2X Die. Acércate á esa ventana , y mi- 
ra si llallas en el suelo un papel... 
Buenos estamos ! 

Sim. No encuentro nada , Señor. (3) 

D. Die. Búscale bien , que por ahí ha 
de estar. 

Sim Le tiraron desde la calle ? 

D> Die. Si... Qué amante es este?.. Y 
diez y seis años y criada en un con- 
vento! Acbó ya toda mi ilusión. 

Sim. Aquí está, (4.) 

J). Die. Vete abaxo y enciende una 
luz... En la caballeriza , ó en la co- 
zina... Por ahí h.brá algún farol... 
Y vuelve coa ella al instante, (5) 



SCENA IV. 

Don Diego. 

D. Die. Y á quien debo culpar? Es (6) 
ella la delincuente , ó su madre , ó 
sus tias , ú yo ?.. Sobre quien... So- 
bre quien ha de caer esta cólera, 
que por maá que lo procuro , no la <é 
reprimir?.. La naturaleza la hizo tan 
anidbe á mis ojos ?.. Q é esperanzas 
tan halagüeñas concebí! Qué felicida- 
des me prometía! . Zelos! . Yo?.. Ea 
qué edad tengo zelos !.. Vergüenza 
es... Pero esta inquietud que yo sien- 
to 1 esta indignación, estos deseos de 
venganza de que p'ovienen ? Cómo 
he de llamarlos ?.. Otra vez pateco 
que (7)... Si. 

SCENA V. 

Rita, Don Diego. Sirnoti. — > L r ■* > 

Rit. Ya se han ido... (8) Válgame 
Dios !.. El papel estará muy bien es- 
crito ; pero el Señor D. F Iix es un 
grandísimo picaron... Pubrecita de mi 
alma !.. Se muere sin remedio. . Na- 
da , ni p.rros parecen por la calle... 
Oxalá no 1<'S hubiéramos conocido!.. 
Y este maldito papel... Pues baena 
la hiciéramos, sino pareciese... Qué 
dirá ?.. Mentiras , mentiras y todo 
mentira. 



(t) Simón se adelanta un poco, tropieza en la jaula y la dexa caer. 

(2) Al retirarse tropieza Rita con Simón. Las dos se van apresuradamen- 
te al quarto de Doña Francisca. 
L (3) dentando por el suelo cerca de la ventana. 

(4) Halla la carta y se la da á Don Diego. 

(5) Vase Simón por la puerta del foro. 

(6) Apoyándote en el respaldo de una silla. 

(7) Advirtiendo que suena ruido en la puerta dd quarto de Doña Fran~ 
Cisca , se mira á mi extremo del teatro. 

(8) Rita observa y escucha , asomase después á la ventana y busca la car' 
ta por el suela. 



Sittt. Ya tenemos luz. (i) 

Hit. Perdida soy ! 

V Die Rita ! Pues tá aquí ? (2) 

Hit Si Stñor, por que... 

J). Die. Qué bascas á estas horas? 

R.t. Buscaba... Yo le diré á usted... 
Po que oímos un raido muy grande... 

Sim. Si , eh ? 

Hit. Cierto .. Un roido y... Y mire (3) 
usted era la jaula del tordo... Pues, 
la jaula era , no tiene duda... Vál- 
gate Dios I Si se habrá muerto ?.. 
No, vivo está, vaya... Algún ga- 
to habrá sido... Pobrecito. 

Sim. Si algún gato. 

Hit. Pobre animal ! Y que asostadillo 
se conoce que está todavía. 

Sim. Y con mucha r*zm... No te pa- 
rece si le hubiera pill.do el gato... 

Hit. Se le hubiera comido. (4) 

Sim. Y sin pebre... Ni plumas hubie- 
ra d_-x.ido. 

D Die. Traeme esa luz. 

Lh ! Dexe usted encenderemos 
esra , (5) que ya lo que no se ha 
dormido .. 

JD. Die. Y Doña Paquita duerme? 

Hit. Si Si ñor. 

Sim. Pues mucho es que con el ruido 
del tordo.. 

V. Die. Vamos. (6) 

S C E N A VI. 

Doña Francisca. Rita. 

Doña Fr. Ha parecido el papel ? 

Hit. No S ñora. 

Doña Fr. Y estaban aquí los dos, qnan- 



29 

do tú saliste ? 

Hit. Yo no lo sé Lo cierto es que 
el criado sato una luz , y me hallé 
de repente, como por máquina, en- 
tre él y su amo ; sin poder escapar, 
ni saber que disculpa darles (7) 

Doña Fr. Ellos eran sin dada... Aquí 
estarían quando yo hablé desde la 
ventana... Y ese papel ? 

Hit. Yo no le encuentro , Señorita. 

Doña Fr. Le tendrán ellos : no te 
canses... Si es lo único que faltaba 
á mí desdicha... No le basques. Ellos 
le tienen. 

Hit. A lo menos por aquí... 

Doña Fr- Yo estoy loca ! (8) 

Hit. Sin haberse explicado este hom- 
bre, ni decir siquiera... 

Doña Fr. Quando iba á hacerlo me 
avisaste y fué preciso retirarnos... Pe- 
ro , sabes tú con que temor me ha- 
bló, qué agitación mostraba! Me di- 
xo que en aquella carta veria yo los 
motivos justos q> e le precisaban á 
volverse : que la habia escrito para 
dexársela á persona fiel , que la pu- 
siera en mi? manos; suponiendo que 
el verme seria imposible. Todo en- 
gaños , Rita, de un hombre aleve, 
que prometió lo que no pensaba cum- 
plir. . Vino , h lió un competidor, 
y diría : pues yo para que he de 
mo'esiar á nadie , ni hacerme ahora 
defensor de una muger?.. H. y rau- 
tas mugeres ! . Cásenla... Yo nada 
pierdo. Primero es mi tranquilidad, 
que la vida de esa infeliz... Dios 
mío, pe don !.. Perdón de haberla 
querido tamo ! 



(1) Sale con luz. Rita se sorprehende. 

(2) Acercándose. 

(3) Alza la jaula que está en el suelo. 

(4) Cuelga la jaula de un clavo que ka'rá en la pared. 

(5) Entiende la vela que esta sobre la mesa. 

(6) Don /'repose entra en su quarto. Simón va con él llevándose una de las luces. 

(7) Rita co:e la luz y vuelve d buscar U carta cerca de la ventana-. 
[8J Séu.ase. 



Yo 

Rit. Ay ! Señorita (i) qne parece que 

salen y¿. 
Doña Fr. No importa: dexame. 
Rit. Pero si Don Diego la ve á usted 

de esa manera. 
Doña Fr. Si todo se ha perdido ya, 

qué puedo temer?.. Y piensas tú que 

tengo alientos para levantarme?.. Que 

vengan , nada importa. 

SC EN A VII. 

Don Diego, Simón. Doña Francisca. 
Rita. 

Sim. Voy enterado: no es menester mas. 

D. Die. Mira , y haz que ensillen in- 
mediatamente al Moro , mientras tá 
vas allá. Si han salido , vuelves , mon- 
tas á caballo , y en una buena car- 
rera que des , los alcanzas... Las dos 
aquí , eh ? . Con que , vete , no se 
pierda tiempo. (2) 

Sim. Voy allá. 

D. Die. Mucho se madruga , Doña Pa- 
quita. 

Doña Fr. Si Señor. 

D. Die. Ha llamado ya Doña Irene? 

Doña Fr. No Señor... Mej ;r es que 
vayas allá , por si ha despertado y 
se quiere vestir. (3) 

SCENA VIII. 

Don Diego. Doña Francisca. 

D. Die. Usted no habrá dormido bien 

esta noche. 
Doña Fr. No Señor. Y usted ? 
D- Die. Tampoco. 
Doña Fr. Ha hecho demasiado calor. 
D- Die. Está usted desazonada ? 
Doña Fr. Aguna cosa. 



D. Die. Qué* siente usted ? (4) 

Doña Fr No es nada... Así un poco 
de.w Nada... No tengo nada. 

D. Die. Algo será : por que h vo í 
usted muy abatida , llorosa , inquie- 
ta... Qué tiene usted, Paquita? No 
sabe usted qoe la quiero tanto? 

Doña Fr. Si Señor. 

D. Die Pues por qué no hace usted 
mas confianza de mí ? Piensa usted 
que no tendré yo mucho gusto en 
h.Jlar ocasiones de complacerla? 

Doña Fr. Ya lo sé. 

D. Die. Pues cómo sabiendo que tiene 
usted un amigo , no desahoga cor» 
él su corazón ? 

Doña Fr. Por que eso mismo me obli- 
ga á callar. 

D. Die. Eso quiere decir , que tal vez 
soy yo la causa de su pesadumbre 
de usted. 

Doña Fr. No Señor , usted en nada 
me ha ofendido... No es de usted 
de quien yo me debo qsefar-. ■ ^ — 

D- Die. Pues de quien , hija mía?.. 
Venga usted acá .. (5) H.blemos , si- 
. quiera una vez , sin rodeos ni disi- 
mulación... Dígame usted, no es cierto 
que usted mira con algo de repugnancia 
este casamiento que se la propone? 
Quáuto va , que si la dexasen á ds- 
ted entera libertad para la elección, 
no se casaría conmigo ? 

Doña Fr. Ni con otro. 

D. Die. Será posible que usted no co- 
nozca otro mas amable que yo? Qué 
le quiera bien ; y que la coi respon- 
da como usted merece ? 

Doña Fr. No Señor . no Señor. 

D. Die. Mírelo mt<d bien 

Doña Fr. No le digo á uittd que no? 



(1) Mirando hacia el quarto de Don Diego 

(2) Después de hablar los dos inmediatos á la puerta del quarto de Don Di(~ 
go , se v 1 Simón por la del foro 

(3) Rita se va al quarto de Doñ.i Irene. 

(4) ¿tiéntase junto d Doña Francisca. 

(5) Acércase mas. 



D. Die. Y he de creer , por dicha, 
que conserve osted tal inclinación al 
reti.o en qne íe ha criado , qne pre- 
fiera la austeridad del convento á una 
vida mas... 
Doña Fr. Tampoco , no Señor... Nun- 
ca he pensado así. 
D. pie. No tengo empeño de saber 
mas... Pero , de todo lo que acabo 
de o¡r, resulta una gravísima con- 
tradicción. Usted no se hjlla incli- 
nada .1 estado religioso , según pa- 
rece. Usted me asegura que no tiene 
queja ninguna de mí , qne está per- 
suadida de lo mucho que la estimo, 
que no piensa casarse con otro ; ni 
debo rezeiar que nadie me dispute 
su m-mu .. Pues qué llanto es ese? 
De dónde n<ce esa tristeza profun- 
da , que en tan poco tiempo ha al- 
terado su semblante de usted en tér- 
minos que apenas le reconozco ? Son 
estas las señales de quererme exclu- 
sivamente á mí ? De casarse gustosa 
4ge— -dentro de pocos días ? Se 
anuncian así la alegría y el amor ? (i) 
Doña Fr. Y qué motivos le he dado á 

usted para tales desconfianzas? 
D Die. Pues , qué ? Si yo prescindo 
de estas consideraciones : si apresuro 
las diligencias de nuestra unión , si 
sn madre de usted sigue aprobán- 
dola , y llega el caso de .. 
Doña Fr. Haré lo que mi madre me 

manda , y me casaré con usted. 
D Die. Y después , Paquita ? 
Doña Fr. Después... Y mientras me 

dure la vida , seré muger de bien. 
D. Die. E'.o no lo puedo yo dudar... 
Pero , si usted me considera como el 
que ha de ser hasta la muerte su 
compañero y su amigo , dígame ns- 
ted , estos títulos no me dan algún 
derecho para merecer de usted ma- 
yor confianza ? No he de lograr que 
usted me diga la causa de su do- 



J 3 

Jor ? Y no para satisfacer una imper- 
tinente curiosidad ; sino para emplear- 
me todo en su consuelo , en mejo- 
rar su suerte , en hacerla dichosa : si 
mi conato y mis diligencias pudie- 
sen tanto. 

Doña Fr. Dichas para mí?.. Ya se 
acabaron. 

D. Die. Per qué ? 

Doña Fr. Nunca diré por que. 

D. Die. Pero , qué obsiinado, qué im- 
prudente silencio !.. Quando usted 
misma debe presumir , que no estoy 
ignorante de lo que hay. 

Doña Fr. Si usted lo ignora , Señor 
Don Diego , por Dios no finja que 
lo s¿be ; y si en efecto lo sabe usted, 
no me lo pregunte. 

D- Die. Bien está. Una vez que no} 
hay nada que decir , que esa aflicción 
y esas lágrimas son voluntarias ; hoy 
llegaremos á Madrid , y dentro de 
ocho dias será usted mi muger. 

Doña Fr. Y daré gusto á mi madre. 

D- Die. Y vivirá usted infeliz. 

Doña Fr. Ya lo sé. 

D. Di ¡ . Ve aquí los frutos de la edu- 
cación. Eito es lo que se llama criar 
bien á una niña : enseñarla á que 
desmienta y oculie Jas pasiones mas 
inocentes , con una péifida disimula- 
ción. Las jozgan honestas , luego que 
las ven instruidas en el arte de ca- 
llar y mentir. Se obstinan en que el 
temperamento , la edad , ni el ge- 
nio , no han de tener infk-encia al- 
guna en sus inclinaciones , ó en que 
su vokntad ha de torcerse al capri- 
cho de quien las gobierna. Todo se 
las pe'mite, menos la sinceridad. Con 
tal que no digan lo qre sienten, con 
tal que finjan aborrecer Jo que mas de- 
sean , con tal que se presten á pro- 
nunciar quando se lo manden , un sí, 
perjuro, sacrilego, origen de tantos 
escándalos, ya están bien criadas : y 



(i) Vase Humillando lentamente el teatro , suponiendo que viene la uiz del dia. 



• 3 2 

se llama* excelente educación la que 
inspira en ellas , el temor , la astu- 
cia y el silencio de un esclavo. 

Doña Fr. Es verdad... Todo eso es 
cierto... Eso exigen de nosotras , eso 
apicn ie'mos en la escuela que se nos 
da... Pero el motivo de mi ..ficción 
es mucho'mas grande. 

D- Die. Sea qual fuere , hija tnia , es 
menester que usted se amme... Si la 
ve á usted su madre de esa manara, 
que ha de decir ?.. Mire usted que 
ya parece que se ha levantado. 

Doña Fr- Dios mió ! 
• D- Die. Sí , Paquita : conviene mucho 
que u-.ted vuelva un peco sobre sí... 

• Ño abandonarse tanto... Confianza 
en Dios... Vamos , que no siempre 
nuestras desgracias son tan gran les, 
como la imaginación las pinta... Mire 
nsted qué desorden este ! Qué agi- 
tación ! Qué lág imas ! Vaya, me 
"da usted palabra de presentarse, así... 
Con cierta serenidad y... Eh ? 

Doña Fr. Y usted Señor .. Bien sabe 
usted el genio de mi madre. Si us'ed 
no me defiende , á quien lie de vol- 
ver los ojos ? Quén tendrá compa- 
sión de esta de^dich da ? 

D. Die. Su buen amigo de usted... Yo... 
Como es posible que yó- la ab<nio- 
- nase... Criatura ! En la situación dú- 
1-irosa en que la veo? (i) 

Doña Fr De veras? 

D. Die. M I conoce <i ted mi cor-izon. 

Doñi Fr. Bien le conozco. (2) 

D. Die Q. é hace usted , niña ? 

Doña Fr. Yo no sé... Qué poco me- 
re. e toda esa bondad ena muger tan 
ingrata pa^a con usted !.. No, ing'a- 
ta no , infel'z-.. Ay ! que ¡nfetíz soy, 
Señor D. n Diego ! 

D. Die. Yo bien sé que usted agrade- 



ce , como pnede , el amor qne la feri- 
no. Lo dtmas todo ha sido... Qué 
se yo ?.. Una equivocación mia , y 
no otra cosa... Pero usted, inocen- 
te ! Usted no ha tenido la culpa. 

Doña Fr Vamos... No viene usted? 

D. Die. Alora no , Paquita. Dentro de 
un ra.o iré por allá. 

Doña Fr. Vaya usted presto. (3) 

D. Die. Sí , presto iré. 

SCENA IX. 
Simón. Don Diegt. 

Sim. Ahí están , Señor. 

D. Die. Qué dices? 

Sim. Q jando yo salía de la pnerta, lo» 
vi á lo lejos , que iban ya de cami- 
no. Empecé á dar voces y hacer se- 
ñas con ti pañuelo : se detuvieron, 
y apenas l'egué y le d'xe al Seño- 
rito \o que usted manddba , volvió 
Ijs riendas y está abaxo. Le encar- 
gué que no subiera ,-4ta*? a - qu» l * -t, 
aviíani yo : por si acaso rubia gen- 
te aquí, y usted no que ia que le 
viese-n. 

D. Die. Y qué dito , qaando le diste 
el recado ? 

Sim. Ni una sola palabra .. Mué to vie- 
ne... Yt digc , ni una pal bra .. A 
mí me ha dado compasión el veric, 
así tan .. 

D. Die. N > me empieces ya á ¡Mer- 
ced <.r pe él 

Sim. Yo , Señor ? 

D Die Sí , q e no te entiendo yo.,. 
C mpasion !.. Es un pic&ro 

Sim. Como yo no sé lo que h 1 h h v„ 

D- Die. Es un brihon , que me ru d« 
quitar la vida. . Y ■ te he Julio que i 
no quiero inietcesoret. 



(t) Asiéndola de las manos. 

(2) Quiere arrodillarse , Don Diego se lo estorba v am ! os se levantan. 

(3) Encaminándose ../ t ¡uarto'de Doña Irene , vuefae / se despide de Don 
Diego Oesándule las tria.ivs. 



Slm. B"en está , Señor, (i) 
D. Die. Dile que suba. 

SC EN A X. 

Don Carlos. Don Diego. 

D. Die. Venga osted acá , Señorito, 
venga usted... En donde has estado 
desde que no nos vemos ? 

Z>. Cari En el mesón de afuera. 

D. Die. Y no has salido de allí en to- 
da la noche Eh ? 

D. Cari. Si Señor, entré en la Ciudad y.. 

D. Die. A qué ? Siéntese usted. 

D. Cari. Tenia precisión de hablar coa 
un sigeto... (2) 

D. Die Precisión ! 

D. Cari. Si Señor... Le debo muchas 
atenciones , y no era posibe vol- 
verme á Zaragoza , sin estar prime- 
ro con él. 

D. Die. Ya. En habiendo tantas oblt- 
ckifles.dfe_.por medio... Pero , ve- 
nirle á ver á las tres de la mañana, 
me parece mucho desacuerdo... Por 
qué no le escribiste un papel ?.. Mi- 
ra aquí he de tener... Con este pa- 
pel que le hubieras enviado , en me- 
jor ocasión , no habia ni.ee idad de 
hacerle trasnochar , ni molestar á 
nadie, r 

2?. Cari. Pues (3) si todo lo sabe us- 
ted , para qué me llama? Por q é 
no me permite seguir mi camino y 
se evitaría una contestación, de la qual 
ni u*ted ni yo quedaremos contentos? 

2_>. Die. Quiere su tio de usted saber 
lo que hay on esto , y quiere que 
usted se lo diga. 

D. Cari. Para que saber mas ? 



53 
D- Die. Por qre yo lo quiero y 10 

mando. O ga ! 

JD. Cari P<¡en está. 

D. Die. Siéntate ahí... (4) En dónde has 
conocido á esta niña ?... Qué amor 
es este ? Qué circunstancias han ocur- 
rido ? Qué obligaciones hay entre loe 
dos? Dónde, quándo la viste? 

D. Cari. Volviéndome á Zaragoza el 
año pasado , llegué á Guadalaxara, 
sin ánimo de detenerme ; pero el In- 
1 tendente , en cuya c sa de camuo nos 
apeamos, se empeñó en que habia 
de quedarme allí todo aquel dia , por 
ser cumple, ños de su parienta : pro- 
metiéndome que al siguiente, me de- 
xaria proseguir mi viage. Entre las 
gentes convidadas halle á Dr ñ.i Pa- 
quita , á quien la S ñora h.-bia sa- 
cado aquel dia del convento , para 
que se* esparciese un poco... Yo no 
sé que vi en ella , que excitó en mí 
ona inquietud , un deseo constante, 
irreei. tibie, de mirarla , de oila , de 
hallarme á su lado , de hablar coa 
ella , de hacerme agradable á sus ojos... 
El Intendente dixo entre otras cosas... 
buhándose , que yo era muy enamo- 
rado , y le ocuirió fingir que me lla- 
maba D. Félix de Toíedo , nombre 
que dio Calderón á algunos amantes 
de sus comedias. Yo sostuve esta fic- 
ción ; por que desde luego concebí 
la idea de permanecer algún tiempo 
en aquella Ciudad ; evitando que IIj- 
gise á noticia de usted . Observé que 
Doñi Paqaita me trató con un agra- 
do particular , y quando por la no- 
che nos separamos , yo quedé lleno 
de vanidad y de esperar zas : viéndo- 
me preferido á todos los concurren- 



E 

(t) Vase por la puerta del foro. Don Diego se sienta , mmif.-stanio inquie- 
tud y enojo. 
(1) Siéntase. 

(3) Dándak el papel que tiraron Ala ventana. Don Carlos luego que le re- 
cocote > se le vuelve y se levanta en ademan de irse. 

(4) Siéntase Don Carlos. 



34 

tes de aquel idia , qne fueron machos. 
En fin... Pero , no quisiera ofender 
á usted refiriéndole... 

J) Die. Prosigue. 

D. Cari. Supe que era hija de una Seño- 
ra de Madrid , viuda y pobre ; pero 

, de gente muy honrada... Fué nece- 
sario fiar de rni amigo los proyectos 
de amor que me obligaban á que- 
darme en su compañía ; y él , sin 
aplaudirlos ni desaprobarlos, halló dis- 
culpas , las mas ingeniosas , para que 
ningun> de su familia extrañara mi 
detención. Como su casa de campo es- 
tá inmediata á la Ciudad , fácilmente 
iba y venia de noche... Logré que Do- 
ña Paquita leyese algunas cartas mias, 

, y con las pocas respuestas que de 
ellas tuve , acabé de precipitarme en 
una pasión , qne mientras viva me 
hará infeliz. 

~P. Die. Vaya... Vamos, sigue adelante. 

D. Cari. Mi asistente ( que como us- 
ted sabe , es hombre d« travesura, 

,. y conoce el mundo) con mil arti- 
ficios que á cada paso le ocurrían, 
fjfiüró los muchos estorbos que al 
principio hallábamos... La Stña era 
dar tres palmadas , á las quales res- 
pondían con otras tres , desde una 

.ventanilla que daba al corral de las 
Monjas. Hablábamos todas las no- 
¡ ches , muy á deshora , con el reca- 
to y las precauciones que ya se de- 
xan entender. . Siempre fui para ella 
D Félix de Toledo , Oficial de un 
Regimiento, estimado de mis Ge fes 
y hombre de honor. Nunca la di— 
xe mas, ni la hablé de mis parien- 
tes, ni de mis esperauzas , ni la di 
á entender que casándose conmigo 
podria aspirar mejor fortuna: por que 
. ni me convenia nombrarle á usted, 
sí quise exponerla , á que las miras 
de interés y no el amor , la incli- 
nasen á favorecerme. De cada vez 



la hallé mas fina, mas hermosa, mas 
digna de ser adorada... Cerca de tres 
meses me detuve allí , pero al fin, 
era necesario separarnos, y una no- 
che funesta me despedí, la dexé ren- 
dida á un desmayo- mortal , y me 
fui , ciego de amor , adonde mi obli- 
gación me llamaba... Sus cartas con- 
solaron por algún tiempo mi ausen- 
cia triste , y en una que recibí po- 
cos dias ha , me dixo j como su ma- 
dre t-rataba de casarla j que primero 
perdería la vida que dar so mano á otro 
que á mí : me acordaba mis jura- 
mentes, me exórtaba á cumplirlos... 
Monté á caballo , corrí precipitado 
el camino, llegué á Guadalaxara ; no 
la encontré , vine aquí... Lo demás 
bien lo sabe usted , nb hay para que 
decírselo. 

D. Die. Y qué proyectos eran los tu- 
yos en esta venida ? 

D. Cari. Consolarla , jurarla de nuevo 
nn eterno amor : pas:r— á-^f^añCT^ 
verle á usted , echarme á sns pies: 
referirle todo lo ocurrido y pedirle, 
no riquezas, ni herencias, ni protec- 
ciones , ni... eso no .. Solo sn con- 
sentimiento y su bendición, para ve- 
rificar un enlace tan suspirado , en 
que ella y yo fundábamos toda nues- 
tra felicidad. 

D. Die. Pues ya vés, Carlos, que es 
tiempo de pensar muy de otra manera. 

jD. Cari. Si Señor. 

D- Die. Si tú la quieres , yo la quiero 
también. Su madre y tola su fami- 
lia , aplauden este casamiento... Ella... 
'Y sean ¡as que fueren ]<s promesas 
que á tí te hizo... Ella misma , no 
ha media hora , me ha dicho que 
está pronta á obedecer á sa madre 
y darme la mano , así que... 

D. Cari. Pero no el corazón, (i) 

D. Die. Qué dices? 

D. Cari. No, eso no... seria ofender- 



I 



(i) Levántase. 



, ., .la... Usted celebrará sos bodas qrjan- 
do guste : ella se portará siempre 
como conviene á su honestidad y 
á su virtud ; pero yo he sido el 
primero , el único objeto de su ca- 
riño , lo soy y lo seré.. Usted se 
llamará su marido ; pero si alguna 
ó muchas veces la sorprehende , y ve 
sus ojos hermosos inundados en lágri- 
mas, por mí lis vierte... No la pregun- 
te usted jamás el motivo de sus me- 
lancolías... Yo, yo seré la causa.. 
Los suspiros , que m vano proema- 
rá reprimir , serán finezas dirigidas á 
on amigo ausente. 
T>. Die. Qué temeridad es esta? (i) 
D. Cari. Ya se lo dixe á usted... Era 
imposible que yo hablase un i palabra, 
sin ofenderle... Pero, acabemos esta 
odiosa conversación... Viva usted fe- 
liz y no me abo rezca : que yo, en 
nada le he querido disgustar... La 
que yo puedo darle 
y mi respeto , es 



prueba ma\oi 
de mí ebedieuci 



la de salir de aq i inmediatamente. 
- ¿ tío , no se me riegue á lo irénos, 

el consuelo de saber que usted me 

perdona. 
D. Die. Con en: en efecto te vas? 
D. Cari- Al instante , Señor... Y esta 

ausencia será bien larga. 
D. Die. Por qié? 
Z>, Cari. Por que no me conviene verla 

en mi vida... Si las veces que correa 

de una próxima guerra se llegaran á 

verificar... Entonces... 
Z>. Die. Qué quieres decir? (2) 
X>. Cari. Nada... Que apetezco la goer- 



3 y 
t» , por que soy * ldado. 

D. Die. Carlos!.. Qié horror!.. Y tie- 
nes corazón para decírmelo ? 

D. Cari. Alguien viene. (3) Tal vez se- 
rá ella... Quede usted con Dios. 

D. Die. Adonde vas ?.. No Señor , na 
has de irte. 

D. Cari. Es preciso... Yo no he de ver- 
la... Una sola mirada nuestra pudiera 
causarle á us'ed inquietudes crueles. 

D Die. Ya he dicho que no ha de ser... 
Entra en ese quarto. 

D Cari Pero si... 

D. Die. Haz lo que te mando. (4) 

SC EN A XI. j 

Doña Irene. Don Diega. 

Doña Ir. Con qué , Señor Don Dieg», 
es ya la de v. mo o ?.. Buenos días... 
(5) Reza u;ted ? , 

D. Die. Sí, para rez r estoy ahora... (6) 

Doña Ir. Si usted quiere ya pueden ir 
disponiendo el cho. oíate , y que avi- 
sen al Mayoral , para que enanchen 
luego que... Pero que tiene usted, Se- 
ñor ?.. Hay alguna novedad? 

D Die. Sí , no dexa de h ibe* novedades. 

Doña Ir. Pues que... Dígalo us>ed poc 
Dios. , Vaya, vaya!.. No sabe us- 
ted lo asuntada que estoy... Qualquie- 
ra cosa , asi , repentina , me remue- 
ve toda y me... Desde el último mal 
pro que tm - e quedé tan sumamen- 
te delicada de los netv ; os... Y va ya 
para diez y nueve años , si no sen 
veinte ; pero desde entonces , ya di- 
Ei 



(1) Se levanta con mucho enojo, encaminándose hacia Don Carlos, el qual 
te va retirando. 

(i) Asiendo de un brazo á Don Carlos le hace venir mas adelante. 

(3) Mirando con inquietud hacia el quarto de Doñt Irene , se desprende 
de Don Diego jy hace ademín de irse por la puerta del fon.. Don Diego vtt 
detras de é y quiere impedírselo. ' 

(4) Entrase Don C.ulos en el quarto de Don Diegt. 

(5) Apaqa la luz que está sobre la mesa. 

(6) Paseándose con inquietud. 



36 

go , qnalqoíera friolera Me trastor- 
na... Ni los baños, ni caldos de cu- 
lebra , ni la conserva de tamarindos: 
nada me ha servido, de manera que... 

D* Die. Vamos , ahora no hablemes de 
malos partos ni de conservas... Hay 
otra cosa mas importante de que tra- 
tar... Qué hacen esas muchachas? 

Doña Ir. Están recogiendo la ropa y 
haciendo el cofre , para que todo es- 
té á la vela , y no haya detención. 

D. Die. Muy bien. Siéntese usted... y 
no hay que asustarse ni alborotar- 
se (i) por nada de lo que yo diga: 
y cuenta , no nos abandone el jui- 
cio , quando mas le necesitamos... Su 
nija de usted está enamorada... 

Deña Ir, Pues no lo hé dicho ya mil 
veces ? Si Señor que lo está , y bas- 
taba que yo lo dixera para que... 

D. Die- Este vicio maldito de inter- 
rumpir á cada paso!.. Déxeuie usted 
hablar. 

Don i Ir. Bien, vamos, hable usted. 

D. Die. Está enamorada , pero no está 
enamorada de mí. 

Doña Ir. Qué dice usted ? 

D- Die. Lo que usted oye. 

Doña Ir. Pero quien le ha contado á 
usted esos disparates ? 

D. Die. Nadie. Yo lo sé , yo lo he 
visto . nadie me lo ha contado : y 
quando se lo digo á usted , bien se- 
guro estoy de que es verdad... Va- 
ya , que l ! anto es ese ? 

Doña Ir. Pobre de mí ! (¿) 

D Die A que viene eso ? 

Doña Ir. Por que me ven sola y sin 
medios , y por que s<.y una pobre 
viudí , parece que todos me despre- 
cian y se conjuran contra mí ? 

D Die. Señora Doña Irene... 

Doña Ir Al cabo de mis años y de mis 
achaques , verme tratada de esta ma- 



nera : como tin estropajo , como tina 
puerca cenicienta , vamos al decir... 
Quién lo creyera de usted ?.. Vál- 
game Dios !.. Si vivieran mis tres di- 
funtos !.. Con el último difunto que 
me viviera , que tenia un genio co- 
mo nna serpiente... 

D. Die. Mire usted , Señora , que se 
acaba ya la paciencia .. 

Deña Ir. Que lo mismo era replicarle 
que se ponia hecho una furia del in- 
fierno : y on dia del Corpus , yo 
no sé por qae friolera , har;© de mo- 
xicones á un Comisario Ordenador, 
y si no hubiera sido por dos Pa- 
dres del Carmen que se pusieron de 
por medio, le estrella contra un pos- 
te en los portales de Santa Cruz. 

D. Die. Pero , es posible que no ha de 
atender usted á lo que voy á decirla? 

Doña Ir. Ay ! no Señor , que bien lo 
sé , que no tengo pelo de tonta , no 
Señor... Usted ya no quiere á la ni- 
ña , y busca pretextos para zafarse 
de la obligación en que está .. Hija, 
de mi alma y de mi corazOñT* 

Z>. Die. Señora Doña Irene: hág me 
O ted el gusto de oírme , de no re- 
plicarme, de no decir despropósitos; 
y luego que usted sepa lo quehiy, 
llore , gima , grite y diga qu tnto 
quiera... Pero, entre tanto no me 
apure usted el sufrimiento , por amor 
de Dios. „ 

Doña Ir. Diga nsted lo que le dé la 
g.na. 

D. Die. Que no volvamos otra vez á 
llorar , y á... 

Doña Ir. No Señor , ya no lloro (3) 

D- Die. Pues hace ya cosa de un año, 
poco mas ó menos, que Don' Paqui- 
ta tiene otro ámame. Se han habijJo 
muchas veces , se han escrito , 5e han 
prometido amor , fidelidad, consun- 



(0 Siéntanse los Jos. 

(2) Llora 

(3) Enxíígtise las ¡tí¿>r¡inas con un patínele. 



cía... Y por ultimo , esístc en am- 
bos una pasión tan fina , que las difi- 
cultades y la ausencia , lejos de dis- 
minuirla , han contribuido eficazmente 
á h cerla mayor. En este supuesto... 

Doña Ir. Pero no conoce usted , Stñor, 
que tojo es uu chisme : inventado 
por a'guna mala lengua , que no nos 
quiere bien? 

JD. Die. Volvamos otra vez á lo mis- 
mo... No Scñnra , no es chisme. Re- 
pito de nuevo que lo sé. 

Doña Ir. Qi é ha de saber usted , Se- 
ñor , ni |ue irrza tiene eso de ver- 
dad i Con qné , fa hija de mis en- 
tras , encerr/.d.» en un convento, 
ayunando los sie'e íiemp.s , acompa- 
ñada de aquellas;s; tas Rcliéiosate !.. 
Ella, que no sab Id }ue es mundo, 
que no ha s^¡if¡ J. I casca- 

ron , como qú < !Bi< n se co- 

noce que no Sabe rutfed ei genio que 
ti< ne Circiin i'i ,i.. Pues, bonita es 
ell i , p.ua haber d^imulado á su so- 
brini el ménúf desüz 
m TT~TT :r /?,j ji n • se trata de ningnn des- 
liz , Señor,! i_)..ñi Irene; se trata de 
una inclinación honesta; de la qual 
hi^ta ahora no habíamos tenido ante- 
cedente a[guno. Su h ja de usted es 
una hiña muy horrad.) , y no es ca- 
paz de deslizarse... Lo q ie digo es: 
que la Madre Circuncisión, y la So- 
ledad , y la Candelaria , y todas las 
Madres y usted y yo el primero, nos 
hemos equivocado íokmnemente. La 
much.ich) se quiere cis^r con otro y 
no conmigo... Hemoi llegido tarde: 
usted ha contado muy de ligero ; con 
la voluntad de su hija... Vaya , pa- 



37 
ra qué es cansarnos ? Lea csted ese 

papel (i) y verá si tengo razón... 

Doña Ir. Yo he de volverme loca !.. 
Francisquita... Virgen del Treme- 
dal !.. Rita , Francisca. 

D. Die. Pero , á que es llamarlas ? 

Doña Ir. Si Señor, que quiero que ven- 
ga y que se desengañe Ja pobrecita 
de quien es usted. 

D. Die. Lo echó todo á rodar... Esto 
le sucede á quien se fia de la pru- 
dencia de una muger. 

SC EN A XII. 

Doña Francisca. Rita. Doña Irene. 
Don Diego. 

Rit. Señora. 

Doña Fr. Me llamaba usted ? 

Doña Ir. Si, hija, si: jorque el Se- 
ñor Don Diego nos trata de i¡n mo- 
do , qre ya no se puede ¡gusnrar. 
Qué amores tienes , nña ? Á quién 
has- dado palabra de matrimonio : Qué 
enredos son estos?* Y tú, picarona... 
Pues iú también lo has de saber... Por 
fuerza lo sst-es... Quién ha escrito es- 
te papel ?.. Qué diee?.. (i) 

Rit. Su letra es. (3) 

Doñt Fr. Qué maldad !.. Señor Don 
Diego , así cumple usted su paúbra? 

D. Die. Bien sabe Dios que no tengo la 
culpa... Venga usted aquí... (4) No 
hay que temer... Y u«red , Señora: 
escuche y c. lie , y no me ponga en 
términos de hacer un desatino... Dé- 
me usted ese papel... (5) Paquita , ya 
se acuerda usted de las tres palmadas 
de esta noche. 



(1) Saca el papel de Don Carlos y se le da. Doña Irene , sin leerle , se le- 
vanta muy agitada , se acerca á la puerta de su quarto y llama. Levántase Don 
Diego y procura en vano contenerla 

(2) Presentando el papel abierto á Doña Francisca. 

(3) Aparte d Doña Francisca. 

(4) Asiendo de una mano á Doña Francisca , la pone d su lado. 

(5) Quitándole el papel de las manos á Doña Irene. 



5* 

Doña Fr. Miéotras viva me acordaré. 

D. Die. Pues este es el papel que tira- 
ron á la ventana..: No hjy qiic asus- 
tarse , ya lo he dicho, (t) Bien mió: 
si no consigo hablar con usted, haré 
lo posible para que llegue á sus ma ■ 
nos esta carta. Apenas me separé de 
..usted, encontré en la posada al que 
yo llamaba mi enemigo , y al verle, 
ño sé como no espiré de dolor. Me 
mando que saliera inmediatamente 
de 1a Ciudad y fué predio obede- 
cerle. Yo me llamo Don Car ios , no 
D. Félix .. Don Diego es mi tio. 
Viva ustsd dic>osa y olvide para 

■ siempre á su infeliz amigo ZZ Carlos 
de Urbina 

Doña Ir. Con qué hay eso ? 

Doña Fr. Triste de mí ! 

Doña Ir, Con qué es verd d lo que 
decia el Señor , grandísima bribona? 
Te feas de acordar de mí. (2). 

Doña Fr. Madre... Perdón. 

Don 1 Ir. No Señor, que la he de 
matar. 

D- Die. Qué locura es esta ? 

Doña Ir. He de matarla. 

SC EN A XIII. 

Don Carlos Don Diego. Doña Irene. 
Doña Francisca. Rita. 

D Cari. Eso no .. (3) Delaate de mí 

mJk- ha de ofenderla. 
Doña Fr. Carlos ! 



D. Car!. Disimule (4) osted nú atrevi- 
miento... He v!sto que la insultaban: 
y no me he sabid > contener. 

Doña Ir- Qué es lo que me sncede, 
Dios mió ! . Q^. éii es usted ?.. Qué 
acconas son estas ?.. Qué escánda- 
lo >.. 

D. Die. Aquí no hay escándal' s .. Ese 
es de qúen su hija de usied está ena- 
morada... Separarlos y matarlos , vie- 
ne á ser lo mismo... Carlos .. No 
importa .. Abraza á tu ma?er. (5) 

Doña Ir. Con qué , su ¡obrino Je us- 
ted ? . 

D. Die. Si Señora , mi sobrino : que 
con sui pal nadas , y su música y 
su pap.l, me ha dado la noche mas 
terrible que he tenido en mi vida... 
Q'ie es esto hijos míos, qué es esto? 

Doña Fr. Con qué usted nos perdona 
y nos hace felices ? 

D- Die Sí, prendas de mi alma, . (6) Sí. 

Doña Ir. Y es posible que usted se 
determina á hjeer un sacrificio... 

D. Die. Yo pude separarlos para tiem- 
P' e > y goísr tranquil n-.cíííc II ptj- - 
sesión de esta niña amable ; pero mi 
conc encía no lo sufre... Carlos! Pa- 
quita ! qué doloiosa impresión me 
dexa en el alma el esfu rzo qoe aca- 
bo de hacer ! . Por q e , al fin , soy 
hombre miserable y débil. 

D. Cari. Si nuestro amor (7) , si nues- 
tro agradecimiento pueden bastar á 
consolar á usted en t n a pérdida... 

Doña Ir. Con qié el bueno de Doa 



(t) Lee. 

(2) Se encamina hacia Doña Francisca , muy co/é'ica y en ademan de que- 
rer maltratarla. Rita y Don Diego pro tiran estorbárselo 

(3) Sale Don Carlos del quarto precipitadamente \ coge de un Ir izi á ne- 
na Francisra , se la lleva hacia el fondo del teatr* y se pone delante de ella 
fara defenderla Doña Irene se asusta y se retira. 

(4) Acercándose á Don Diego. 

(5) Don varios va adjnde es'd Ooñi Francisca , se abrazan y ambos se 
arrodillm d Ijs pies de Don Di<t%o 

(6) Lo: hace leuan f ar con expresiones de ternura. 
(i) Besándole las manos. 



Carlos I Vaya qne... 

D. Die. fU y su hija de osted estaban 
locos de amor , mientras usted y las 
tias fundaban castillos en el ayre , y 
me lien b >n la cabeza de ilusiones, 
que han desaparecido , como un sue- 
ño... Esto resulta del abuso déla au- 
toridad , d¿ l.i opresión que la ju- 
ventud padece : estas son las seguri- 
dades que dan los padres y los tu- 
tores, y esto, lo que se debe fiar 
en el sí de las niñas... Por una ca- 
sualidad he sabido á tiempo el error 
en que estaba... \y ! de aquellos que 
lo saben tarde ! 

Doña Ir. En fin , Dios los haga bue- 
nos , y que por mucho* añ s se go- 
cen... Venga ufted acá , Señor, ven- 
ga usted : que quiero abrazare... (i) 
Hija , Francisquita. V-^ya ! Buena 
«lección has renido... Cierto que es 
fin mozo g lan... Morenillo ; pero 
tiene un mirar de ojos muy hechicero. 



39 

Rit. Sí , dígaselo Usted qne no lo ha 
reparado la niña. Señorita un millón 
de besos. (2) 

Doña Fr. Pero , ves que alegría tan 
grande ?.. Y tú , como me quieres 
tanto !.. Siempre , siempre serás mí 
amiga. 

D. Die. Paquita hermosa : (3) recibe 
los primeros abrazos de tu nuevo pa- 
dre .. No temo ya la soledad terri- 
ble que amenizaba á mi vejez... Vo- 
sotros (4) seréis la delicia de mi co- 
razón , y el primer fruto de vues- 
tro amor... Sí, hijos, aquel... No 
hay remedio , aquel es para mí... Y 
quando le acaricie en mis brazos, po- 
dré decir : á mí me debe su exis- 
tencia este niño inocente , si sus pa- 
dres viven , si son felices , yo he si- 
do la causa. 

D. Cari Bendita sea tanta bondad ! 

D. Die. H jos , bendita sea la de Dios. 



(1) Abrázanse Don Carlos y Doña Irene. Doña Francisca se arrrodilla 
y la besa la mano. 

(2) Doña Fr.mcisc.t y Rita se besan manifestando mucho contento, 

(3) Abraza d Doña Francisca. 

(4) Asiendo de las manos d Don* Francisca y d Don Carlos. 



F I N. 



CON LICENCIA: 

En Valencia •- En la Imprenta-^e Josef Ferrer de Orga y com- 
pañía , en donde se hallará esta y otras 
de diferentes títulos. 

^VAño l§IO. 



/ 



1-*